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Mi vecina del 4to “B”

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Mi nombre es  Milagros,  tengo 19 años, y  no tengo novio.  Hace 3 meses que me dejé con mi novio.

Me considero una chica  linda, simpática y de apariencia aniñada, un poco tímida cuando estoy entre gente que desconozco.

Nadie cree cuando digo mi edad, je je.

Mido 1,66,  cabello castaño claro, lacio y  por debajo de los hombros, ojos color indefinidos,  algunos dicen que son verdes, otros color miel, ni yo sé que color son, igual  que los de papá.

Mis medidas son 93-59-92 (lo que se denomina un cuerpo normal).

De  boca  ancha (por no decir jetona) je je y exuberante, siendo la envidia de  varias  de mis amigas  por mis labios pulposos,  y el motivo de varios piropos  por  parte de los chicos. Mi nariz es igual que la de mamá, ñata y respingada, y en lo culona también salí  a ella, je je

Mi papá es un prestigioso abogado y  desde que nos mudamos a la casa  del centro él se instaló  con el estudio, ahí mismo.

Desde pequeña he andado tras sus pasos, desde que iba a jardín de infantes cuando me preguntaban que quería ser de grande decía que sería abogada como mi papá.

Actualmente estoy cursando 2do año de abogacía, y espero ser tan buena como él.

Luego de una fuerte pelea con mi hermano mayor  Rodrigo (21) decidí mudarme.

Lo hice  a un edificio  lindante  del cual  papá heredó de un tío solterón, al que ni siquiera llegué a conocer.

Aproveché que el departamento se encontraba desocupado  desde hacía 2 semanas, y  con  la excusa de la pelea con mi hermano que me vino como anillo al dedo, “hacía tiempo que tenía ganas de irme a vivir sola”, pero en mi casa ponían el grito en el cielo cada vez que sacaba el tema, dicen  que soy muy chica para  eso.

Aprovechando que  soy la mimada de papá,  me dirigí  hacia él, me refugie bajo su ala protectora  implorando  que convenza a mamá a dejarme volar.

Parece ser que en la intimidad de la noche papá logró persuadirla, porque a la mañana siguiente en medio del desayuno,  antes de salir para la universidad me dieron la buena nueva, (al fin cedieron).

Agradecí con besos y abrazos  luego de escuchar infinidad de  consejos por parte de mamá.

Al regresar de la facu  fui directo al estudio  en busca de la llave de mi nuevo hogar, de pasada compré todo lo necesario para asearlo. Luego de una ardua tarea que duró casi tres horas de puro fregar, me tiré en el sillón  a observar “mi gran obra de arte”.

Era la primera vez que  me tocaba limpiar, y lo hice con mucho entusiasmo.

Desde que tengo uso de razón Beatriz (empleada domestica) es la que hace las tareas de la casa, mi única obligación siempre  ha sido hacer la cama, y acordarme de  no dejar tirada la ropa en cualquier lugar.

Del resto siempre se encargó Bea; (como yo le digo cariñosamente), para mí ella es como mi segunda mamá, dicen que aprendí a dar los primeros pasos de su mano.

Por su profesión mi madre ha estado  bastante  ausente de la casa. Ella es una excelente  pediatra, en las mañanas atiende en el hospital municipal y por las tardes  lo hace en su consultorio particular. Qué paradoja  ¿no? Vivir  rodeada de niños, pero tan lejos de los propios.

Mejor dejo de contar cosas del pasado que no los quiero aburrir y retomo al tema inicial.

Esa noche me quedé por última vez en la casa de mis padres, mis hermanos me miraban desconcertados por la decisión que había tomado, pero no me dijeron nada.

Al que  voy a extrañar mucho  es a Tiago (16), él es muy cariñoso conmigo, nos llevamos muy bien, y estoy segura que él me extrañara también.

Me agasajaron con mi comida preferida,(sorrentinos  a la pomarola) habían invitado a mis cuatro abuelos,  me taladraron la cabeza toda la noche diciéndome  – ¿dónde vas a estar  mejor que con tu familia? – “que era una locura”  y no sé cuantas cosas más…

¿Para que los invitaron?

Nunca lo sabré.

Pero allí estaban.

Hice oído sordo a aquellos  comentarios negativos, y disfruté  de la última cena.

Si hay algo que voy a extrañar muchísimo es la comida que Bea con tanta dedicación nos prepara día a  día (yo de cocina no sé nada de nada ).

Comí como una cerda, y encima a eso le sumé el postre (tiramisú) que tan bien le sale a la abuelita Alicia. ¡¡Estaba espectacular!!

Terminada la cena nos quedamos de  sobremesa, en casa es prácticamente como  un ritual, ésta costumbre data de viejas usanzas en mi familia, si te levantas de la mesa seguido de comer te miran como sapo de otro pozo, lo toman como una falta de respeto hacia los demás comensales.

A la hora de irmepara el depto  fue el mismísimo Rodrigo, (mi hermano mayor, con el que me había peleado)  quién se ofreció amistosamente  a  llevarme a mi nuevo  destino, con lo cual me pareció “buena idea”,  no quería seguir peleada con  Ro, y menos ahora que no íbamos a vivir bajo el mismo techo.

En el trayecto que son solo unas pocas cuadras me pidió disculpas por lo ocurrido y me dijo que si me iba por culpa de él no se lo iba a perdonar nunca, y que estaba dispuesto a no contradecirme más.

Antes de dejarlo terminar de hablar le dije que me iba por mí, no por él, que hacía tiempo  tenía ganas  de hacerlo, y que me pareció el momento oportuno aprovechando que el departamento  se encontraba deshabitado.

Llegamos a la puerta del mismo y nos abrazamos demostrándonos cuanto nos queremos, una mezcla de risas sollozas nos unió, el abrazo se potencio y por primera vez sentí que podía contar con él a pesar de todo.

Esa noche fue un poco extraña, me sentía rara, y no paraba de pensar en la libertad que había conseguido.  Me costó dormirme.

A la mañana siguiente dormí hasta que me dio la gana, era sábado y no tenía obligaciones de horarios.

Me desperté a pocos minutos de la una de la tarde, no había comprado nada para desayunar, y mucho menos para almorzar, la panza me chillaba así que  bajé al súper y me abastecí lo suficiente como para que no me falte nada por lo menos en toda una semana.

Fui directo a la góndola de los congelados, ¡pensé! (esta es mi salvación),  al llegar al depto me aparté una caja de hamburguesa y guardé el resto en el freezer.

Era  Noviembre y hacía  mucho calor, demasiado para la fecha.  El aire acondicionado no funcionaba, algo de lo cual no contaba. Pegue una nota en la heladera para no olvidarme de llamar al service.

Me cocine las hamburguesas  y las comí acompañada de una ensalada  multicolor, de esas  que vienen lista para consumir.  Quedé pipona y muerta de calor.

Me di una ducha con agua más bien fría y lavé ahí mismo la ropa que había usado. Todavía no había desarmado la valija, así que me puse lo que encontré a mano.

Un top blanco al cuerpo, sin corpiño (queda muchísimo mejor sin él), una colaless  blanca, un short desflecado de jeans y unas  ojotas  re copadas que mamá me compró cuando estuvieron en Brasil hace tan solo un par de meses atrás en sus vacaciones anuales, a la cual por culpa de la facu no pude ir.

Me dieron ganas de tomar un helado y bajé por él, (olvidé mencionar que vivo en el 4to piso departamento “C” ) en la misma cuadra pero por la vereda de enfrente está una de las mejores heladerías de la ciudad.

Al bajar del ascensor me crucé  con una  chica  que  esperaba para subir,  vestía un pantalón blanco re ajustado, tanto que le separaba la conchita en 2, (no sé porqué pero se me fueron los ojos ahí) jeje, su delantera también me  llamó la atención, sobre salían sus  grandes tetas  de una escotadísima remera rayada que dicho sea de paso, le sentaba muy bien, jeje  su larga y ondulada  cabellera pelirroja, también me impactó.  Me la quedé mirando como una tonta…

Sentí admiración y envidia a la vez,  entre mis amigas siempre hago mención  que me encantaría tener ese color de pelo tan especial y poco común.

Ella me sonrió y me saludó como si nos conociéramos, pero juraría que nunca antes nos hemos cruzado.

Le correspondí el saludo y creo que hasta me puse colorada…

Seguí camino a la heladería con la imagen de ella dando vueltas en mi cabeza…

Esa misma noche invité a todas mis amigas a conocer mi nueva casa. La pasamos ¡¡genial!!
Pedimos pizzas y empanadas, y por supuesto no faltó la cerveza bien helada je je, y después nos fuimos a bailar a un boliche top de  recoleta.

Durante la semana me crucé varias veces con “la colo”, en la puerta del edificio, en el súper, en el ascensor, y siempre nos saludábamos, casi se podría decir “amistosamente”.


Esa tarde de sábado subí a la terraza a colgar lo ropa y la veo a “ella” me quedé observándola desde lejos, estaba tomando sol boca arriba en una reposera plegable,y a medida que me fui acercando pude comprobar que estaba con las tetas al aire y con los ojos cerrados, lo cual invitaba a mirar más de cerca, me fui acercando tímidamente de a poco mientras la recorría con la mirada… encontrándome con un cuerpo más bien exuberante pero armonioso, cuando me di cuenta que estaba dormida mis ojos se fueron directo a sus enormes pechos, su piel muy blanca y pecosa, sus aureolas y pezones rosados embellecidos por algunos lunares que parecían estar en el lugar justo.


Cuando caí en la cuenta de que estaba mirando embobada y aunque no me observaba nadie me dio mucha vergüenza mi actitud.


Mientras colgaba la ropa curiosamente mis ojos volvían a buscar el cuerpo semidesnudo de aquella desconocida.
Al irme pasé nuevamente por delante suyo y ésta ni se inmutó, estaba profundamente dormida, me fui pensando en lo osada que era.

Esa noche nos volvimos a juntar con mis amigas en casa, nuevamente pizzas, cervezas, y a diferencia del sábado anterior nos quedamos disfrutando de un par de pelis que había alquilado una de las chicas, eran más de las 4 de la mañana cuando acabó la 2da peli, yo no daba más de sueño, y ellas también estaban cansadas y algo borrachitas, je je. Ni bien se fueron me fui directo a dormir.
Apoyé la cabeza en la almohada y me vino a la mente la escena de la terraza, memoricé paso a paso aquel episodio, y con eso en mi cabeza me dormí.

Domingo

El teléfono sonaba incesantemente, me estiré para alcanzarlo y sin abrir los ojos contesté. Era mi madre, para saber si iría a almorzar con ellos, le pregunte que si ya estaba servida la comida y luego de una carcajada de su parte me respondió que recién eran las diez y cuarto de la mañana.


¿Cómo decirle que solo quería dormir y que era muy temprano para mí?
La contenté diciéndole que para la hora del almuerzo estaría a la mesa con ellos.
Apagué el celu y seguí durmiendo.

Cumplí con mi familia y con la excusa que tenía que estudiar me disculpé y me fui, para las tres de la tarde estaba de regreso.
Me recordé de la ropa que había colgado y subí a la terraza, para mí sorpresa estaba ella, otra vez tomando sol, boca abajo leyendo un libro.

Al pasar por su lado cruzamos miradas, y nos dijimos tan solo -¡hola!-
Seguí hasta el cordel y mientras descolgaba la ropa ella se puso de pie, y muy suelta de cuerpo con las tetas al descubierto se vino hacia mí, y se presentó:
– me llamo Guillermina y vos?- acercó su boca hasta mi mejilla y me besó.
– Yo! Milagros, ¿qué tal?-
– Acá me ves, asándome al sol, como bien dice el refrán, “el que quiera celeste que le cueste” jajaja.
– No querés hacerme compañía? ¡¡Estoy aburrida!!
– Buena idea!! así de paso tomo un poco de color –

Fui en busca de una loneta y a ponerme el biquini.
Al volver me senté frente a ella, descubrimos que somos vecinas de piso, que dicho sea de paso nunca nos cruzamos en el pasillo.
Cuando me dijo que tiene 32 años no lo pude creer, máximo le daba 25.
Ella sonrió y agradeció considerandolo un halago.

En un momento le pregunté:
-¿qué estás leyendo? –
– un cuento –
Ligeramente se sonrojo.Y en un rápido movimiento lo ocultó debajo de la ropa que estaba a su lado.
– ¿lo puedo hojear? –
– Me da un poco de vergüenza –
Con esa respuesta más curiosidad me provocó.
– Está bien, si no querés no hay problema –
– Todo bien –
Me miró acalorada a la vez que se estiraba alcanzando el libro, para luego entregármelo
-¡¡Está bien!! Toma –
Al tenerlo entre mis manos noté su colorida y llamativa portada, llevando como título “La humedad de tu sexo” era por demás “evidente” que no se trataba de un libro para niños jaja
Ilustrando la tapa del mismo se hallaba una fotografía de dos chicas besandose.

Casi sin pensar la miré y me escuché preguntándole:
– ¿Sos lesbiana? le dije asombrada –
– Sí!! –
– Espero no te incomode –
– En lo más mínimo, tranquila –
– ¿A vos te gustan los chicos? –
– Si!! Mucho –
– Pero ustedes me dan mucha curiosidad – je je
-¿Qué cosa te da curiosidad?
– Vos sabes a lo que me refiero…- (sentí como si el sol se hubiera centrado en mis mejillas, incinerándome ante su pregunta)
-No, no sé, pero sí sé que yo con mucho gusto podría aclararte esa curiosidad…


– Te voy a contar una confidencia!!
El día que te vi por primera vez en la puerta del ascensor atrajiste mi mirada, sos muy bonita y lo sabes, y tenés un cuerpo esplendido. Por las noches justo antes de dormir he pensado en vos y me he puesto a fantasear…-
-¿enserio?-
-¡sí!-
-¿qué pensabas?- (estaba intrigada y ansiosa por lo que fuese a responder)
Guillermina empezó a contarme…
– Pensaba en cómo serán tus pechos desprovistos de ropa, tus pezones y la aureola que lo rodea, y hasta imaginé tenerlos en mi boca. Se veían turgentes y muy suaves. Te puedo asegurar que tan solo de recordar mis pensamientos me vuelvo a mojar como cada noche me mojo cuando deliro con vos. –
En ese instante clavó su mirada en mis tetas como queriendo ver a través del corpiño del biquini.
Los detalles de su fantasía me estaban torturando, me sentí extraña, un escalofrío repentino me sacudió el cuerpo, eran los nervios que me causaba la conversación.
Cuando menciono que en sus sueños me besaba con lujuria sentí mi corazón estallar.
Intrigada le pregunte
-¿ fue lindo?-
-muy lindo!!, dulce, apasionado-

En un abrir y cerrar de ojos tenía su boca posando sobre la mía.
Reaccioné arisca, alejándome hacia atrás, ella sonrió y llevándose el dedo índice a la boca apoyándolo en forma vertical me clamo silencio
–shhhhhhhhhh!! Déjate llevar y sácate la curiosidad conmigo. Si no te gusta me decís y listo, hacemos de cuenta que no pasó nada-
Me quería resistir a su juego pero había algo en mí que decía que probara. Entonces le respondí:
-ok- pero no creo que me guste-
(No sé si fue por el intenso calor que hacía o producto de la situación, pero sentí mi entrepierna húmeda)

Empezó acariciando con la yema de los dedos suavemente mi rostro, bajo por mis hombros, continuo por mis brazos hasta llegar a la punta de mis dedos, donde decidió cambiar el rumbo… Sin mencionar palabra, solo me observaba insistentemente y en cuanto pasó sus manos por mi vientre mi cuerpo se electrifico ante su mirada perspicaz, regalándome una sonrisa que marcó profundamente esos hoyuelos a los costados de las comisuras de su boca. (Recién se los acababa de descubrir), le quedan de maravilla.
Subiendo por el vientre llegó hasta el centro de mis senos, con la yema de sus dedos los fue recorriendo sutilmente por el contorno separando con un dedo la tela de mi piel, alcanzando con él a tocar un poco más allá de lo que la prenda permitía, (se me puso la piel de gallina).

Esta mujer, una desconocida para mí me estaba haciendo sentir cosas que jamás hubiera creído sentir.
Se acercó un poco más para lograr alcanzar con sus brazos mi rostro, con el revés de las manos inspeccionó todo a su paso, al llegar a mi boca hizo uso de su dedo índice para con él dibujar literalmente mis labios, una y otra vez.
Al solo contacto de sus labios sobre los míos cerré los ojos y disfruté del beso como pocas veces antes, sentía su lengua explorando cada recoveco de mi boca hasta que calmó su hurgueteo cuando se encontró con mi lengua, desatando una lucha libidinosa que ninguna de las dos quería concluir.

Guille era quién manejaba la situación, por lo que yo me entregué ante lo desconocido. Sin dejarme de besar me desato las tiras del corpiño de la malla exponiendo mis tetas frente a ella, yo estaba algo retraída, sentía vergüenza, pero todo acabó cuando comenzó a acariciarlas…
mmmm
Fue con tanta intensidad que produjo en mí una repentina erección de mis rozados y pequeños pezones frente a su mirada austera, despegando sus labios de los míos inclinó su cuerpo hacia abajo y fue directo con su boca a mis pechos, al sentir la suavidad de la piel de sus labios rozando la dureza de mis pezones mientras los envolvía con su lengua húmeda un escalofrío me recorrió de pies a cabeza que me hizo tiritar.

No sé si fue miedo a lo desconocido, o terror que nos pescaran, (pero imagínense la situación) si por casualidad a alguien se le diera por subir a la terraza en ese momento y encontrarnos “así”. ¡Qué vergüenza!
Cuando esto pasó por mi mente le pedí a Guillermina que se detuviera.
– No sigas, por favor –
Alzó su rostro, y me miró desconcertada.
– ¿Qué pasó bebe? ¿No te gusta?
– No, no es eso, pero…  discúlpame, pero me quiero ir –
– Pero… linda ¿por qué? si la estábamos pasando bien –
Mientras lo decía me anudaba el lazo del corpiño de la malla, me paré y me fui antes de que me convenciera.
Sentía su mirada frustrante clavada en mí mientras me alejaba de la escena.

Habían pasado un par de días sin siquiera cruzarnos. Serían alrededor de las ocho de tarde-noche cuando el timbre me hizo salir antes de la ducha (pensé eran mis padres porque habían tocado el timbre de la puerta del departamento), me envolví ligeramente en el toallón y abrí esperando ver del otro lado a mis progenitores, pero no, para mi sorpresa era “la colo”.

Con un vestidito turquesa no muy corto, pero dejaba  ver sus  torneadas y bronceadas piernas.
– Hola!!! –

¿Qué tal? –

– Pasá –
– Uh… justo te estabas bañando, vengo en otro momento –
Todo bién!!! Ya terminaba –
Ah ok ¿cómo estás? Vine a que hablemos por lo del otro día –

– Si ya sé, debería pedirte disculpas por irme así –
– No, al contrario creo que debo disculparme yo por avanzarte –
– Guillermina, está todo bien, no te hagas drama, ya pasó –
– Sin embargo yo creo que no empezó – (aún permanecíamos de pie, y con esos terribles ojazos me recorrió con la mirada mientras hablaba) es más tu cuerpo me lo hizo saber –
– Yo no te voy a negar que me dejé llevar por la curiosidad. Ya te lo dije –
– Pero con eso no alcanza para matar la curiosidad, bebe –
– Puede ser, ¡que se yo! – (al escuchar un hilo de posibilidad se adelantó un par de pasos quedando a centímetros de mi cara.

Me miró a los ojos y me dijo:

– ¿esperas a alguien esta noche? –

– ¡no! a nadie –

– entonces ¿qué te parece si cenamos juntas?

En mi departamento, cocino yo–

– dale, ¡copado! yo llevo helado, ¿te gusta? –

– me encanta, mis preferidos son; dulce de leche y americana–

-¡buenísimo!-

– Una pregunta por si acaso…

No vaya a ser que no te guste lo que voy a cocinar

¿Te gusta el pollo? –

– si –

– Marchando unas  supremas rellenas de jamón  y queso  con puré  de papa ja ja , te vas a chupar los dedos, ya verás jaja  ¡que fe me tengo! ¿Viste?-

– ¡Sí veo! que suerte que te guste, a mi no me gusta ni un poco –

– bueno, me voy yendo así me pongo a preparar todo, te espero –

Me dio un beso fugaz en la mejilla y se marchó.

Yo me fui a la habitación, a vestirme.

La pregunta del millón, ¿Qué me pongo?

Revolví  todo el placar, no dejé un cajón sin revisar hasta que encontré una mini blanca  que hacía mucho no me ponía, busqué una remerita rayada estilo marinero  en escote V, y resuelto el problema.

Me terminé de secar  aunque prácticamente  se había evaporado casi en su totalidad por el calor del  cuerpo, me hidraté la piel con una crema a base de aceite de almendras y me puse el  conjuntito de brodery  blanco, y me fui rumbo a la heladería.

Estaba casi tan nerviosa como aquel día  que  sabía que perdería  mi virginidad (a los 14 años) con Ariel de 16, mi primer novio.

Al regresar  con el helado ya en mi poder me fui directo a su departamento. Me recibió con una amplia sonrisa invitándome a pasar.

Sus muebles y la decoración de los ambientes  no podían ser mejores, halague su buen gusto así  como también  festejé el rico aroma que provenía de la cocina.

Guille  nuevamente ponderó mi figura y mi look “casual y divertido”, así lo denominó ella.

–  te ves estupenda con esa pollerita,  que daría Yo por volver a tener 19 añitos… –

– hablas como si fueras una vieja –

– ja ja  ya sé que no lo soy, pero cuando pasas los 30 “ves todo diferente”, ya entenderás cuando tengas mi edad ja ja – .

Mientras cenábamos no dejaba de mirarme ni de  sonreírme, se la notaba contenta con mi presencia.

Por suerte  los nervios en mí habían desaparecido. Yo notablemente  la estaba pasando muy  bien, me sentía cómoda.

Me contó algunas cosas de su vida,  anécdotas de su trabajo (azafata) y me reveló algunas intimidades de su ex pareja (Patricia) y aunque no conté nada de mí ex, hable bastante de mí, de mi familia, y de los motivos que me llevaron a mudarme.

Me llamó la atención que no tocara el tema de la terraza, sorpresivamente  no insistió  con eso, y dudé en ser Yo la que  sacara  la conversación, (en el fondo yo quería retomarlo), pero no me animé, soy demasiado tímida.

¿Para qué se preguntarán?

Bueno,  a ustedes no les puedo mentir.  Desde que la conocí  me he pasado buenos ratos pensando en ella, hay algo que me atrae, y no solo es por su notable belleza, hay algo más, un misterio que quiero  desvelar.

La verdad que tenía  muchas ganas de que esa mujer  madura, segura de sí misma me hiciera sentir cosquillitas en la panza, que despejara todas las dudas que había en mí.

Resultó ser muy buena cocinera, y fue una cena agradable, ¿pero lo mejor estaba por venir?

Cuando estábamos tomando el helado, ya casi terminando  me dice:

–  me gustaría invitarte  a un lugar “especial”, para que conozcas –

– ¿A dónde? – dije realmente sorprendida

– A la disco, a la que voy siempre, ¿vamos? –

– ¿Ahora? –

-¡SÍ! Ahora,  ¿no  te ánimas?

– sí, animarme sí, pero me tendría que ir a cambiar… –

–  Pero  sí así estás perfecta… –

–  Bueno, si  vos lo decís… –

– si bebe estás divina así –

Y poniéndose  en movimiento levantó los platos de la mesa,  y al volver de la cocina se apareció con una fresita, una de mis debilidades, (aparte de la cerveza), obvio, jeje

Estaba riquísima, bien helada.

Copa va copa viene no dejamos ni  una  gota en la botella.

Subimos a su auto (Peugeot 206) y luego de dar unos virajes por la city  estacionó frente a un llamativo cartel de luces de neón que decía “Fantasy”, la fachada era atractiva, (pintaba ser un buen lugar) nos bajamos y enfilamos hacia la entrada.

En la puerta la saludaron llamándola por su nombre,  evidenciando  que era asidua a la disco.

Quedé impactada por la amplitud del lugar, de afuera no parecía ser tan grande.  Me gustó mucho los diferentes desniveles de las pistas, así como también el sector  de los reservados.

Con  dificultad  por el gran  tumulto llegamos a la barra a pedirnos unos tragos.

Miro a mi izquierda y veo una pareja de gay besándose, giro sobre mi hombro para mirar a mi derecha y una pareja de chicas abrazadas esperaban ser atendidas en la barra. Recién ahí caí que estábamos en  un boliche de “homosexuales”.

Guille se dio cuenta por mi cara de asombro que  recién me había “avivado”, sonrió  y dijo:

–  éste es mi lugar preferido, espero que te sientas cómoda,  y que lo disfrutes  –

– estoy sorprendida, pero todo bien,  me gusta –

– me alegro. Vayamos a sentarnos a tomar la caipirinha  tranquilas.

Había parejas franeleando por todos lados.

Buscamos un lugar que no hubiese mucha gente  y encontramos uno en un rincón, bastante alejado del alboroto. Desde ahí yo observaba  “todo”.

El  alcohol empezada a surgir efecto en las personas, (y en mi también) se veían desinhibidos en su totalidad.

Guille me hablaba  pero  no recuerdo de qué, en eso la veo pararse e irse diciendo

– “ya vengo”-

yo estaba concentrada mirando a dos chicas más o menos de mi edad  que estaban en los reservados de enfrente. Se tocaban y besaban sin cesar,  estaba muy oscuro,  entre   movimientos difusos alcancé  a divisar  que  una de ellas  metió la cabeza en la entrepierna de la otra, corrió la tanga hacia un costado y empezó a comerle la conchita, ¡Dios! No podía creer lo que estaba viendo.

El calor se estaba apoderando de mí, la boca se me empezó  a secar y mi tanguita a humedecer.  Mmmmmm

Me estaba excitando viendo “ese” espectáculo.

Pensando que alguien se  pudiera percatar  de mi insistente observación voltee  hacia atrás en busca de miradas curiosas, pero para mi sorpresa no solo no las encontré sino que hallé más gente en situaciones parecidas. Al volverme a poner en posición la veo venir a Guille. No sé si era producto del alcohol que corría por mis venas o el morbo del ambiente,  ó ¿qué? Pero  la miré “distinto”,  ella contorneaba  sus caderas sensualmente  al andar como queriendo llamar la atención de quienes quedaban atrás, luciendo con orgullo su escultural figura.

Me entregó el trago en mano y aún estando de pie se inclino sobre mí  murmurándome al oído:

–  ¿te gusta lo que ves?-

Pensando que se refería a la pareja de chicas le respondí:

– no estoy acostumbrada a este tipo de lugares por eso me llama  la atención –

– pero yo te preguntaba por mí, no por las chicas “esas” (señalándolas). Vi  como  me estabas mirando cuando venía de la barra –

– ahhhhh ¡sí! Observaba lo bien que te calzan  esos pantalones (fue lo primero que se me ocurrió) –

-ahhhhh ¡era eso! –  exclamó  mientras en su rostro  se perfilaba ese par de hoyuelos en su mejillas.

Estoy casi segura  que no me creyó, ¡en fin! fue lo que me salió decir en ese momento.

Se sentó a mi lado pero muy  encima de mí, tanto que  nuestras  nalgas se rozaban…

Yo seguía allí, inmutable, aunque tengo que admitir  que  sentí un cierto “cosquilleo” que me embriagó por completo.

De pronto me sorprendió su accionar… extrajo   un hielo  del vaso  que luego  llevó hasta su boca,  lo pasó por sobre  los labios  haciendo  un gesto  elocuente, mientras me miraba  incitándome  hizo lo propio con la punta de la lengua.

¿Buscaba calentarme?

Si era eso lo consiguió.

Luego se sacó el hielo de la boca  y lo llevó hasta la mía.

Presagiaba   lo que estaba a punto de acontecer…

En  ese preciso instante  me di cuenta que deseaba  concluir con aquella fantasía que me venía desvelando cada noche desde que la conocí.

–  ¿Ahora vos?- me dijo;  y sin dejarme reaccionar  me apoyó el hielo  ya prácticamente devastado por el calor, mojándome  el  mentón, y  chorreando hasta  mi escote que seguramente iba a ser absorbido  por mi piel acalorada. Pero Guille fue más rápida que el mismísimo calor de mi cuerpo  y se zambulló en el canal de mis pechos.  Con su lengua atrevida lambiéndome  recogió  el fruto del deshielo, generándome  un estremecimiento difícil de expresar en palabras.

En un arrebato inesperado  subió por mi cuello  sin dejar de hacerme  sentir su lengua en ningún momento, escaló hasta mi boca y “me la comió”  en un profundo  y terrible beso apasionado,  que no pude menos que corresponderle con lujuria.

Al abrir los ojos observe a mi alrededor, y constate que  cada cual hacía la suya sin importarles  en lo más mínimo lo que hacia el resto.  En ese momento  sentí  como si  estuviéramos tan  solo “ella y yo”, mientras su mano  se escurría bajo la remera  logrando alcanzar mis pechos, yo tímidamente acariciaba su brazo.

Mientras una  marcha  remixada  sonaba al mejor estilo “punchi punchi”  la colo estiraba  su brazo libre metiendo mano sin prejuicios en mi entrepierna (que rico) separando la tanguita de mi piel, con sus dedos  se  deslizó  alcanzando mi cavidad vaginal.

– ¡Que mojadita estás, bebe!  Mmmm Desearía  meterme de cabeza  en tu sexo,  abrirte los labios con mi lengua, empaparme de tus jugos y beberme cada gota que derrames –

Mis manos se aferraron al tapiz de los sillones mientras  me auto-mordía nerviosa el labio inferior al escuchar  sus  calientes y prometedoras palabras.

De repente mi cuerpo se estremeció de placer al sentir  sus dedos  escurridizos  profundizando en mi ser…

Le pedí que se detuviese…

– pará Guille, no sigas, porque me vas a hacer acabar –

– mmmmmm

¡Qué rico bebe!

¡Eso quiero! ¿No te diste cuenta? Quiero hacerte mía esta noche.

 

Acaba sobre mi mano porfa, quiero probar el sabor de tu miel –

Imposible no satisfacerla.  Sus dedos  penetraban  impetuosos en mi vagina,  rozando  y estimulando el  clítoris  que a esa altura asomaba por completo de su capuchón.

Sin parar de gemir por lo bajo (disimulando) con una ligera fricción   me arrancó   un orgasmo “interminable”   traté de aminorarlos  en  su  boca, con la ayuda de sus besos.

Como era de imaginar acabé de forma bestial  chorreando  su mano por completo.

-¡Huy mi amor! que rico acabaste, ¡me vuelves loca!-

Mientras hablaba  retiraba su mano de mi entrepierna y como previamente había anticipado lamio  uno a uno sus dedos saboreando mi néctar.

Desesperada  buscó mi boca y nos  entregamos en otro beso desenfrenado. Dejándome  todo  el  sabor de mi sexo  en ella.

– Vámonos  Mili! no aguanto más…  –

Me agarró  del brazo, (estaba exaltada) encaró hacia la salida y entre empujones y algún que otro pisotón  zafamos de la multitud. Al llegar al auto me apoyó sobre la puerta de mi lado y me beso. ¡guau!

¡Qué beso!

Despegó su boca de la mía  y mirándome a los ojos dijo “la frase”…

_ No sabes cuánto te deseo…  –

–  ¡y yo! –

Respondí  de una, así, sin pensarlo.

Subimos al auto y partimos.

Al llegar al primer semáforo estiró el brazo y me empezó a acariciar la pierna, convirtiéndolo en un franeleo  suscitado  (ufff me ponía la piel de gallina).

En un ligero movimiento alcanzó con la punta de los dedos mi vagina, escabulléndose por debajo de la tanga.

La distancia entre su butaca y la mía nos separaba demasiado, complicando un poco  su  cometido.

Abrí  sutilmente las piernas para allanarle el camino. Sus dedos naufragaban como en un mar en creciente. A medida que se deslizaban más abría mis piernas, mi cuerpo estaba   rendido y  entregado como el más fiel de los sumisos a su amo.

Con oleadas intermitentes desbordando entre  espasmos y  cuantiosos gemidos sonoros bañe  su mano con el fruto del placer recibido.

Luego hundió su mano lo más que pudo juntando los dedos como si quisiera sellarlos, doblándolos hacia arriba  los utilizó  como una pala recolectora, cosechó así gran parte de mi maravillosa acabada.

Extendió  su brazo  y lo llevó hasta mi boca, ofreciéndome su mano…

– limpia mis dedos “bebe” ¡vamos! Lámelos que no quede nada –

Sumisa como nunca antes obedecí a sus plegarias.

Lamí uno a uno sus dedos embadurnados con mis jugos.

Satisfecha por lo sucedido se estiro buscando mi boca.  Se posó sobre mis labios – esperaba me diese un beso ligero, pero no – me paso la lengua por toda la boca, sin besarme, (me hizo desearla).

Se concentro en el volante y piso el acelerador, se la veía sensualmente muy excitada. Mi cabeza no dejaba de pensar “en lo que me esperaba” mi inexperiencia me aterrorizaba, pero si de algo  estaba segura es  que: mejor maestra que Guillermina no podría tener…

Lo que resto hasta llegar al departamento fuimos  tarareando  las canciones que salían de los parlantes.

Al llegar se dirigió directo a la cochera. Entramos al ascensor y tras cerrarse la puerta me  avanzó. Me levantó  la remera, me corrió el corpiño  y me empezó a lamer las tetas con devoción. Mi piel se erizó por completo,  se me pusieron duras al instante, sentir su lengua caliente sobre mis pezones fue majestuoso.

El indicador señalaba  que habíamos llegado al 4to piso, ella salió detrás de mí, cerró  la puerta del ascensor y me agarró la mano, frenándome.

– ¿Preferís ir al tuyo, o al mío? –  me preguntó

– al tuyo mejor –

Creo que era la respuesta que esperaba, porque su rostro se lleno de felicidad y me regaló una gran sonrisa.

Llegamos a la puerta de su departamento y mientras intentaba abrir; con la otra mano me acariciaba las nalgas.

La adrenalina corría por mis venas haciendo mi cuerpo estremecer.

Una vez dentro del departamento y tras cerrar  la puerta se me tiró encima, apoyo su cuerpo contra el mío y me comió la boca apasionadamente.

Sus manos recorrían todas las partes de mi cuerpo, la sensualidad con la que me tocaba… muy  diferente a los chicos con los que he estado. Sus movimientos eran precisos, provocadores, mi cuerpo ardía en deseo. Mi vagina palpitaba húmeda y excitada.

De pronto con sus manos  me quitó la remera, desprendió el corpiño y comenzó a besar mis senos, los succionaba y lameteaba con énfasis.

En ese momento me sentía extasiada, no podía creer que eso me estuviera pasando a mí.

Me costaba soltarme, disfrutaba del placer que me provocaba solo con su boca y con sus manos.

– ¡Sácame la remera bebe! – me dijo en un tono meloso.

Apoyé mis manos en su cintura, a la altura  del final de la prenda, la tomé desde abajo y  con su ayuda alzando los brazos empecé a tirar hacia arriba hasta despojarla de ella.

Sus senos apuntaban hacia mí, firmes, erotizados bajo la tela del corpiño semi-transparente, sensual y delicado, de color marfil.

Su mirada elocuente me guió hacia ellos, como suplicando me deshiciera de él.

Tomé coraje dejando de lado la timidez y se lo desprendí con cuidado.

El contacto de mis dedos con su piel suave me embriagó en un mar de  enigmáticas sensaciones…

Exponiendo sus pezones erguidos frente a mis ojos no pude menos que copiar sus pasos y llevar mi boca hacia ellos.

Suave y tímidamente pasé mi lengua por sus pechos, se sentían duros, pero no tanto como cuando mi lengua comenzó a jugar con ellos. No puedo transmitir lo que sentí en ese momento, simplificando la sensación diré que fue “genial”.

Guille me indujo hacia el sillón que teníamos a la derecha  frente a nosotras. Me senté  en él esperando que ella haga lo mismo, ¡pero no! se quedó parada frente a mí, era la anfitriona, y se manejaba  con la libertad que la situación ameritaba.

Se arrodilló y deslizó sus manos estirando sus brazos por los laterales de  mis piernas hasta alcanzar  la tira  de la tanguita, la tomó con fuerza y arrastró de ella hacia abajo, a la vez que Yo soliviaba mi cuerpo para que pudiera sacarla por completo.

Levantó la tanga hasta su nariz y olio inhalando con intensidad  con los ojos cerrado como si eso fuera a preservar el olor en su memoria.

Metió la mano en mi entrepierna y ejerciendo algo de presión las hizo abrir hasta donde la mini lo permitía.

Ya la postura de ella enfrente de mí daba morbo por sí sola, pero mucho más excitante fue sentir sus manos arrastrándolas por mis muslos, hasta alcanzar mi vagina. Una vez allí comenzó a jugar con los dedos separando los  labios de mi conchita mojada,  los movía hacia arriba y hacia abajo rozando a su paso el clítoris, (mmmm me acuerdo aquellas sensaciones y me vuelvo a humedecer).

A esta altura nos ambas estábamos a full, por mi parte me estaba dejando llevar por la calentura, ya nada me importaba,  sólo me interesaba gozar de ese momento. Y  para demostrarlo yo  misma me quite la mini, quedándome totalmente desnuda.

Guille  seguía allí abajo, arrodillada en  el piso contemplando mi sexo sin quitarme la vista ni un segundo.

De pronto introdujo  su cara hasta quedar pegada a mi cavidad vaginal. Desde arriba monitoreaba una vista fabulosa “única”,  su cabeza en mi entrepierna y su rojiza cabellera cayendo por su espalda desnuda, su piel dorada por el sol de  las tardes de terraza.

¡No podía tener mejor panorama!

Se me hace difícil trasmitirles aquella sensación que tuve al momento que ella metió su lengua en mi  vagina, un estremecimiento que me recorrió  de pies a cabeza,  a la vez que mis pezones también reaccionaron por ello.

Guille comenzó a jugar con su lengua  lamiendo la parte inferior de mi vagina, primero lo hizo recorriendo los labios mayores, luego continuó por los labios menores  separándolos entre sí, los lamía de manera tal que parecía querérselos devorar,  era tan excitante que no podía mantener mi cuerpo estable, me sacudía con cada uno de sus movimientos, despegando mi cola del sillón.

Mis jugos no se hicieron esperar, me sentía chorrear, estaba a punto de tener el tercer orgasmo de lo que iba de la noche cuando su lengua alcanzó  las paredes internas  de mi vagina,  no me pude contener, apoye mis manos en su cabeza aferrándome a ella como queriendo dominar sus lengüeteos,  mientras mi cuerpo convulsionado se sumergía en un abismo de incesantes espasmos, ella no dejaba de naufragar, cosechando a su paso todo lo que fluía de mi interior.

(Nunca antes nadie me había hecho acabar tan intensamente como esa primera vez con La Colo.)

–  mmm ¡Que rico acabaste mi vida!  Tu néctar estaba  apetitoso, me tomé hasta la última gota que me regalaste – mientras lo decía salía de mi entrepierna en busca de mi boca, fue el beso más sabroso de todos los que nos habíamos dado hasta entonces.

Había llegado “mi momento”  estaba a punto de probar por primera vez una vagina. La curiosidad y excitación me tenían impaciente, el miedo de que mi inexperiencia pudiera truncar la velada me apabullaban.

Pero Guille con una simple sonrisa adivinando mis pensamientos me preguntó:

–  ¿me deseas? ¿tenés ganas de comprobar lo mojadita que la tengo por vos? –

– ¡obvio cielo! Pero compréndeme, me da “cosita”–

– ¡mi vida! ¡Que linda que sos! relájate y disfruta de este momento, solo eso, ¿ok? –

“Por sus 32 años imagino que  por su cama han pasado muchas otras chicas como yo:

¡Inexpertas!

Y  estoy convencida que para ella debe ser “un juego” sumamente magnifico, le debe de dar “esa”  cuota de lujuria extra.”

Ella seguía parada semidesnuda delante de mí, alcé el mentón y mirando hacia arriba busqué sus ojos, “esa mirada que atraviesa el alma”, esa que tanto me gusta.  Guille me observaba  pasándose la lengua por sus labios, ummm verla era “excitante”. De pronto con sus manos se tomó uno de sus pechos y me lo llevó hasta  mi boca.

– Cómemela  – (se dio cuenta que debía ser ella misma quién diera ese primer paso).

A esa altura había dejado la timidez de lado, acaricie sus brazos, su abdomen, mientras  le rodeaba  con mi lengua el pezón, se lo empecé a lamer hasta sentir que se endurecía en mi boca, mientras le masajeaba la otra,  para luego hacer  exactamente  lo mismo que con el otro pecho.

Súper  excitada pero más segura de mí misma  la bese. Sin mencionar palabra desabroché  el pantalón y se lo bajé, dejaba su tanga traslucir  la humedad de su sexo, le pasé un dedo por sobre su prenda intima hundiendo la tela en su cavidad vaginal y a modo de sarcasmo le pregunte:

–  ¿esto es por mí? –

– ¡sí! Pendejita es por y para vos-.

Terminé  de sacarle los pantalones rozando casi como sin querer sus nalgas, al hacerlo pude percatarme de su piel erizándose al mínimo contacto con la mía.

Levantó sus pies y se los quito por completo,  se quedó tan solo con la bombachita puesta. Su rostro se veía extasiado, casi desdibujado por el frenesí de lo que acontecería.

De repente buscó  mi mano y tirando de ella me separó del sillón, llevándome hasta la habitación. Nos subimos a la cama y se me  tiró encima. Me comenzó a dar besos por todo el cuerpo, arrancó besando y lamiendo mis pies (esto último me excitó sobre manera) luego subió besando las piernas, al llegar a los muslos sentí un estremecimiento  que me hizo erizar por completo.  Continuo avanzando hasta la pelvis, y con su lengua lamia  una de mis zonas más erógenas, humedeciendo mi piel al pasar a medida que ascendía  suspendiendo mi cuerpo en el aire dejándole saber mi goce.

Prosiguió  dando besos por mi panza y ombligo, y como una estrella fugaz pasó por mis senos succionándolos al pasar, embriagándome de lujuria para luego escalar  hasta el  cuello donde se alojó  el tiempo suficiente para enardecer por completo y  así, ya con la timidez de lado arremetí sobre su tanga hasta despojarla de ella.

Guille viró sobre mí induciendo su vagina a merced de mi boca. Mi excitación estaba a punto de eclipsar, pero igual me tomé el tiempo necesario para disfrutar al máximo de ese primer contacto íntimo.

Me  apoyé sutilmente sobre su pelvis e inhalé el olor que desprendía  su sexo,  mmm  ¡que rico! “lo disfruté”  recordaré su perfume por la eternidad.

Cuando sentí su boca y su lengua estimulando mi vagina hundí mi cara en la suya, estaba terriblemente “empapaba”, su sabor era más bien dulzón, agradable y  excitante, muy por el contrario de lo que Yo me imaginaba que sería.

Al cabo de unos minutos y  luego de unos cuantos lameteos por fuera y por  dentro, puse mi lengua rígida y comencé a jugar con ella en un  “mete  y saque” constante, a la vez que con un dedo estimulaba en círculos su clítoris. Creo que por mi inexperiencia no lo hice tan mal, porque su cuerpo se estremecía de forma descontrolada,  repercutiendo en cada una de sus extremidades.

Producto del terrible orgasmo que  fui capaz de generarle y al compas de aquellos movimientos lujuriosos  lanzaba  gemidos insospechados, entregándome  su néctar que no dude en devorar con pasión como una experta lesbiana.

– Milagros, no te imaginaba haciéndolo tan bien, realmente me sorprendiste –

– pierde cuidado, tampoco yo me reconozco, me alegra saber que no te defraudé, tenía miedo de no saberlo hacer –

– sinceramente Mili y no te agrandes con lo que te voy a decir, pero estuviste fantástica –

Luego de los halagos me sentí plena, haber gozado con ella, y haberla hecho gozar, fue una experiencia “sublime”.

Nos acomodamos en la cama apoyándonos en la almohada y mirándonos fascinadas deliciosamente nos comenzamos  a besar con todo el sabor del néctar de la otra, entremezclándose dentro de nuestras bocas.

Tantos besos de lengua y tantos manoseos no pudimos no menos que volver a calentarnos.

Guille volvió a tomar la iniciativa comenzando a jugar en mis senos con su boca, el clima se fue calentando y nos volvimos a entregar por completo, solo que esta vez no acabamos en la boca de la otra.

Para mi sorpresa fue exquisitamente inesperado.

Montándose encima de mí despegó mis piernas con sus manos hasta dejarlas separadas entre sí, luego apoyó su cuerpo moviéndose  para un lado y para otro buscando con exactitud el roce  de nuestros clítoris,  conjuntamente con sus manos alcanzaba mis pezones y los retorcía  provocándome un “dolor” placentero, en cambio yo con mis manos presionaba su bonito trasero  cooperando para que la fricción resultara más intensa, en cambio ella era quién tenía el mando de la situación, la comodidad de estar arriba le permitía dominar el frotamiento a su antojo provocando una excitación  extra.

Fue una experiencia inmejorable, percibir ambos clítoris totalmente endurecidos y expuestos agitándose entre sí  es un placer  “inigualable”  difícil de explicar y de comprender, solo lo pueden apreciar aquellas que lo hayan experimentado.

No sé si fue por lo novedoso ¡ó qué! Pero “ese” fue indudablemente el mejor orgasmo de mi vida.

En ese instante se tumbó a mi lado, extasiada, cobijándose en mí apoyó su cabeza sobre mi pecho pudiendo  advertir el descenso  de los latidos de su corazón todavía agitado. Una extraña sensación me embriagó, siendo yo aún una pendeja me sentí capaz de poder contenerla,  viendo  a Guille tan grande (físicamente y de edad) acurrucada sobre mi pequeño cuerpo me dio la impresión de que buscaba algo más que pasar un buen rato, cerré los ojos  y dejé fluir  aquellas imágenes sueltas que comenzaban a rondar por mi mente como una película de futuras situaciones  en la que nos tenía como protagonistas  principales de la historia.

El silencio de la madrugada era absoluto, sólo nuestra respiración y algunos suspiros eran testigo de nuestra primera ¿noche de amor?  Mientras yo  acariciaba su cabeza y jugaba con sus rulos, ella pasaba sutilmente sus dedos por mi abdomen, dibujando imaginariamente ¡vaya a saber qué!

Al despertar por la mañana me encontré sola, Guille ya no estaba, me vestía cuando escuché ruidos que provenían de la cocina, fui caminando en puntitas de pies, me aparecí descalza y en tanga.

– ¡hola bebe! ¿Cómo amaneciste? – (recibiéndome con una gran sonrisa)

– ¡súper bien! –

Puso en mi mano un vaso de jugo de naranja y simultáneamente me estampó un beso intenso, haciendo mi cuerpo vibrar.

Vestía un conjunto verde manzana de short y musculosa,  femenina y sensual como pocas, el cabello mojado semirecogido  despejando su rostro, estaba simplemente  hermosa.
Le pedí permiso para darme una ducha ligera mientras ella terminaba de preparar el desayuno.

Al regresar me esperaba sentada en la mesa mientras chequeaba  el correo electrónico en la notebook.
Me sentí muy cómoda a su lado tanto que hasta el día de hoy no he vuelto a dormir en mi cama.

Hasta hace unos días atrás podía decir que estaba segura de mi heterosexualidad, pero todo cambió desde que la conocí a ella; mi vecina del 4to “b”

 

El hombre de la máscara

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Fue un día agobiante, muy caluroso y húmedo lo que lo hacia aun más denso.
Por suerte en la oficina se había hecho más llevadero.

Llegada la noche y ya en el edificio me encontré con la mala noticia que se había cortado la luz por un problema de la compañía proveedora de energía.

Estaba agotada y con sueño. Antes de acostarme abrí ambas ventanas que dan a la calle, buscando un poco de aire y me entré a dar una ducha para refrescarme y así poder descansar.

Vivo en el tercero C del tercer piso. En esta época mis vecinos de piso estaban de vacaciones en la costa, por lo que aproveché a escuchar música un poco mas fuerte de lo habitual, como no había corriente recorrí al discman que tenía guardado, por suerte aún le funcionaban las pilas.
Creo que no llegué ni a la tercera canción y me dormí…

En la profundidad del sueño comencé a soñar. Me veía a mi misma durmiendo y un hombre parado al lado de mi cama, observándome dormir. No pude identificarlo porque tenía puesta una máscara; y la noche era muy oscura, solo sus ojos y su boca estaban expuestos. Quise gritar, pero no pude, no me salía la voz, él individuo tampoco mencionaba palabra. Se inclinó un poco y me recorrió la cara acariciándome con dulzura. Al llegar a mi boca colocó un dedo encima de mis labios y comenzó a recorrerlos como si quisiera calcarlos. Luego posó sus labios sobre ellos y me empezó a besar de forma apasionada. Le correspondí naturalmente como si se tratara de mi novio.

Lo curioso que aún ahora mientras lo cuento sigo sintiendo el sabor de sus besos…

Sin sacarse la máscara se quitó la ropa, y se acostó a mi lado, me besó, acarició, recorrió mi cuerpo con sus manos, y me hizo el amor sin saltearse ningún paso, tan excitante que me provocó un sinfín de orgasmos a la vez que sentía entrar en mí el fruto de su delirio.

Al finalizar; se mantuvo inmóvil por un par de minutos, en un estado de relax absoluto, para luego levantarse y vestirse. Sin dejarme conocer su voz se trepó por la ventana y como por arte de magia desapareció.

Recuerdo haber girado mi cuerpo, acomodar la almohada y dormir hasta sentir el despertador qué al igual que el sol entrando por la ventana me recordaba que había llegado el nuevo día. Salté de la cama, fui directo a cerrar las ventanas y para mi sorpresa veo algo sobre el balcón, de inmediato y sin necesidad de saltar por la ventana me dirigí hasta la cocina y salí por la puerta balcón; quise saber que era esa cosa blanca que brillaba con la luz del sol. Para mi sorpresa era la máscara del sujeto de mi sueño; y ahí comprendí el porqué sigo sintiendo en mi boca el sabor de sus besos…
Mi mente se llenó de preguntas sin encontrar respuesta alguna…

 

Amanda la niña mimada de papà

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Transcurría la noche de un fin de semana largo y nada hacía prever a ésta familia del drama que sucedería en la pequeña localidad donde prácticamente se conocen todos…
 
Los integrantes se encontraban dentro del inmueble, el jefe de familia dueño de una importante cadena de hoteles, su esposa; una prestigiosa escribana, su hija; una adolescente de diecinueve años estudiando en la universidad. Su hijo Tadeo; de doce años cursando el último año de primaria.
 
Los maleantes también eran cuatro. Sin lugar a dudas no eran unos improvisados, sabían muy bien cada paso que iban a dar…
 
Desactivaron el sistema de alarma y las cámaras de seguridad que monitoreaban en la totalidad del predio. Logrando una entrada triunfal.
Ingresaron a la propiedad tan sigilosos que pasaron totalmente desapercibidos hasta del cuidador de cuatro patas…
 
Uno por cada miembro de la casa tomó posesión y los redujo a mano armada. Fueron maniatados a las patas de la cama limitando sus movimientos.
La mujer estaba en el cuarto matrimonial con su marido; entró en pánico, y suplicaba clemencia por sus hijos que estaban en la planta alta. Estos hicieron caso omiso a la desesperación de la mujer, el objetivo de “éstos” era completar el robo en el menor tiempo posible.
 
A punta de pistola les exigió que les indicara donde guardaba el dinero, y otras cosas de valor. El jefe de familia perturbado por la situación rápidamente y sin dudar les dicto la clave de la caja fuerte, que contenía todo lo que éstos delincuentes buscaban…
 
Mientras uno intentaba abrir la bóveda el otro apuntaba al matrimonio. En un momento se lo escucho llorar a Tadeo. La desesperación de los pobres padres aumentó ante el desconocimiento de lo que pudiera estar sucediendo en el piso de arriba.
 
Cuando lograron alzarse con el botín estos vendaron a los progenitores y llamó a los cómplices avisando que ya podían bajar y salieron de la casa dejando a la familia amarrada y con los ojos vendados.
 
Al darse cuenta que los malvivientes habían huido comenzaron a intentar desatar los nudos de la soga con la que los habían privado de su libertad.
 
La madre gritaba a sus hijos para que dieran señales de vida y asegurarse que estuvieran bien.
Pero sólo obtuvo respuesta de Tadeo que ya venía bajando la escalera.
Había logrado violentar el cerrojo de la puerta del placar; lugar donde habían reducido al pequeñín de la casa.
Éste liberó a sus padres, se abrazaron los tres y llorando les comunicó a sus padres que su hermana no estaba en el cuarto.
 
Suebiron a buscarla, recorrieron cada ambiente de la casa sin dejar ningún rincón sin chequear.
 
Llamaron a la policía local y comenzaron una búsqueda intensa por el predio y alrededores con resultados negativo; por lo que dieron aviso de alerta a las ciudades lindantes y a los medios de comunicación…
 
La incertidumbre de no saber lo ocurrido los llevaba a hacer falsas conjeturas. Una hipótesis posible era que Amanda advirtió a los ladrones y huyó sin que éstos se dieran cuenta, pero lo más angustiante que la hubieran secuestrado.
Tenía a todo el pueblo intrigado.
Hicieron varias llamadas al celular de su hija para saber si éste había quedado en la casa, pero llamaba hasta que saltaba el buzón de voz.
 
Luego de dos interminables días para la familia Bilbao sin tener ninguna novedad y sumergidos en una angustia desconsolada le llega un mensaje de texto al celular de su madre desde el de Amanda exigiendo una suma importante de dinero a cambio de la vida de su hija. El pedido tuvo una particularidad llamativa, tenía que ser depositado en la caja de ahorro de Amanda. Mientras leían el primer mensaje les llegó un segundo mensaje advirtiendo a la familia que no dieran aviso a la policía si querían recuperar con vida a su hija. Por lo que no les quedó otra que aceptar el acuerdo, y cumplirlo.
 
Tras la operación no hubo día qué Benito (padre) no chequeara periódicamente la cuenta de su hija; pero la falta de noticia tuvo en vilo a la familia durante un periodo de más de veinte días.
 
Hasta que un buen día se decidieron a cobrar el rescate.
 
Cuando los Bilbao suponían que la liberación de Amanda sería inminente, pero no fue así.
La familia estaba desecha, los días trascurrían temiendo el peor desenlace. Ante los hechos se le comunicó a la policía de la transacción realizada.
 
Cambiando radicalmente la caratula de investigación.
 
Con una madre totalmente depresiva, un padre destrozado y toda una familia devastada y aunque acompañados por el afecto de los más íntimos continuaron sobrellevando los días con los cuales la esperanza por recuperar con vida a Amanda se iba debilitando.
 
Como cada domingo y a pesar de lo sucedido como ritual familiar junto a los cuatro abuelos de Amanda compartían la cena; cuando el timbre rompió el angustioso silencio que apesadumbraba en ese momento.
 
Sorprendidos por la hora se inquietaron como cada vez que sonaba el timbre en aquella casa desde siete largos y traumáticos meses…
 
Para sorpresa y alegría de esta familia la angustia había llegado a su fin.
Parada con un bolsito rojo colgando del hombro y a primera vista sin indicio de maltrato alguno estaba Amanda, recibiendo los más dulces abrazos y besos de quienes tanto la aman y sufrieron con su desaparición. Pero no se le cayó una sola lágrima hasta qué se fundió en un abrazo con Tadeo,en ese momento brotaron sus primeras lágrimas, el chiquitín era su debilidad.
Lagrimas que continuaron cayendo al abrazarse con sus abuelos que no paraban de llorar de la emoción.
 
Sin embargo ante su aparición su madre quedó perpleja; entró en estado de shock por unos minutos sin tener reacción alguna, hasta que quebró en llanto y abrazó a su hija. Y al fin les cambió la cara a todos dibujando una sonrisa en sus rostros dejando la desazón atrás.
 
Luego del recibimiento llegaron las preguntas.
 
¿Qué había pasado aquella fatídica noche?
 
Era de esperar que esto sucediera, Amanda no sólo tenía que responder a su entorno familiar, sino también a la policía; para así poder cerrar el caso ó un nuevo cambio de caratula.
Dependiendo de lo que Amanda tuviera para contarles sería el resultado final.
 
Por esa noche les suplicó que no le hicieran preguntas; sólo quería recibir el afecto de su familia.
 
Amanda fue siempre una niña mimada, sobre todo por su padre; y seguía siéndolo, a pesar de ser una adolescente bastante rebelde, como la mayoría de las chicas a su edad.
 
Cuando tuvo la oportunidad de irse a descansar a su cuarto y aunque ya tenía planificado y como cuan guionista de telenovela hizo un repaso mental al libreto que había planeado para no cometer ningún error al día siguiente.
 
Dispuesta a llevarse el secreto a la tumba si es que la conciencia se lo permite…
 
Lo que nadie supo es qué Amanda junto al “pandillero”; su noviecito tres años mayor que ella, planearon todo; para irse del país, y supuestamente vivir una historia de amor feliz tal como un cuentito de hadas.
Pero Amanda nunca se imaginó qué él no la amaba como ella creía, qué sólo la usó para salir del país y gastarse el dinero en drogas y otras yerbas.
 
Lejos de los lujos que ella estaba acostumbrada, lejos del calor de una familia bien constituida con un amor truncado y sin dinero en un país que desconocía; decidió volver; y recuperar la armonía de aquel ritmo de vida que llevaba antes de cometer semejante locura.

El Destino

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Físicamente dos desconocidos hasta ese momento; pero su insistencia por conocernos y compartir un café nos llevaron a vivir una aventura impensada.  

Nos fuimos acercando sosteniendo la mirada y así de la nada nos fundimos en un abrazo espontaneo, entre cálido, sincero, amoroso y envolvente. Sin importarnos el resto de los transeúntes nos quedamos abrazados sintiendo por vez primera el perfume que emana el cuerpo del otro.

Fue amor a primera vista, visualmente nos gustamos, nos sedujimos, y sin promediar palabra nuestras bocas se encontraron en un beso intenso y apasionado que nos transportó a un fantástico y lujurioso momento que culminó en un cuarto de hotel.

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Escribir una leyenda

Mi otra mitad

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Tu piel color canela sabe a besos de miel –
y el calor de tu cuerpo mi mejor abrigo-
Tus caricias el alimento de mi pasión –

Mientras tus ojos iluminan mi camino los míos tu destino!

 

El cornudo de mi marido…

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Somos Eva y Edu, ambos tenemos treinta y cuatro años.
Después de cuatro años de noviazgo decidimos casarnos. Somos una pareja feliz y nos llevamos muy bien; (rara vez discutimos).

Desde hacía un tiempo que Edu me venía insinuando la idea de verme teniendo sexo con otro hombre; pero este tenía que tener la particularidad de ser bien dotado, porque según Edu iba a gozar más; (en el fondo creo que está acomplejado con el tamaño de su pene)
Me tenía agobiada con el temita, tanto que me hizo prometerle que para su cumpleaños le cumpliría la fantasía, qué ese iba a ser su mejor regalo.

Una noche luego de cenar nos metimos en internet a un chat de sexo. Comenzamos a charlar con hombres que se ofrecían para tal fin, algunos por dinero, otros por placer. Algunos eran agradables, divertidos, caballeros pero al momento de preguntarles por el tamaño se nos hacía intimidante, por lo que optamos por pedirles que nos envíen foto donde se pudiera comprobar dicha dotación, pero ninguno nos convencía.

Quiero dejar en claro que como pareja no tenemos ningún problema sexual, por el contrario tenemos muy buen sexo, yo gozo perfectamente con mi esposo, pero él es quién no ésta conforme con su pene y de ahí su fantasía.

Se acercaba la fecha y no aparecía el indicado; hasta que una noche comenzó a gritar desde el living “lo encontré” lo encontré”; contento como si se hubiese ganado la lotería jajaja
Lo escuchaba atenta mientras él me comentaba que agradable, que no fumaba, y mucho menos le interesaban las drogas, que se lo veía sano, al igual que nosotros y que entre sus piernas tenía un tremendo aparato.

Lógicamente me dio curiosidad, quise verlo, pero no me dejó, se escudó que iba a ser más excitante conocerlo ese mismo día, y que confiara en él.

Y llegó el gran día: Su cumpleaños… Un buen vino, su plato preferido, música romántica, y mucho amor…

Pasaban quince minutos de la medianoche cuando llamaron a la puerta.
A pesar de que estaba a punto de vivir una situación desconocida me encontraba bastante tranquila. Esas copitas de vino que había tomado fueron las que me dieron la soltura y adrenalina necesaria.

Me sorprendió pidiéndome que me fuera al cuarto y los esperara allí.

Tras cerrar la puerta del cuarto escuché que se saludaron amistosamente. – ¿Todo bien loco?

¿Preparado para gozar? – Preguntaba Edu, y Gastón respondió entre risas que supuse eran motivo de los nervios ¡Por supuesto!

Edu – Sírvete un poco de vino si quieres, ya regreso!

Recuerdo su cara al entrar a la habitación; se podía adivinar el entusiasmo y la alegría que tenía. Fue hacia el placard y de uno de los cajones sacó un antifaz que formaba parte de un disfraz erótico que habíamos comprado en una ocasión. Lo meneaba orgulloso anticipando su picardía.

Me besó apasionadamente y me dijo que me amaba, que estaba orgulloso de mí y que confiara en él, y que todo lo que sucedería de ahí en más sería puro placer…
Me colocó el antifaz. No recordaba que era tan grueso tanto que ni siquiera me permitía ver el reflejo de la luz.
Oí que abrió la puerta del cuarto.

– Pasá Gastón! –

-¡Hola! ¡Buenas Noches! A la vez que me besaba en la mejilla-

Hola Gastón (Le respondí)

Una extraña sensación me invadió al escuchar su voz, como que me recordaba a alguien, pero en ese momento no me daba cuenta de quién.

Edu me sorprendió por atrás y al oído me dijo – ¡Te Amo! –

Me agarró las manos y me las colocó sobre el rostro del invitado.

Edu – Para romper el hielo tóquense –

Recorrí lentamente su rostro, orille sus ojos, su nariz, bajé por el surco de sus labios explorando la total extensión de su boca.

Edu – ¡Cómele la boca amigo! ¡Vamos! disfruta de mi linda mujercita. No tengas vergüenza – (estaba eufórico)

Sin embargo Gastón prefirió empezar con sutileza. Con pequeños y cortitos besos en toda la cara, al llegar a la boca jugó con mis labios de manera excitante. Cuando creí que me iba a comer la boca se alejaba; se hacía desear…

Hasta que al fin posó sus labios sobre los míos y comenzó a mandar lengua, y vaya que lengua; era gruesa, grande, me llenaba la boca y para empezar eso ya me re calentó; besaba muy bien. Al bajar por mi cuello pude oler su piel, y tocar su cabello, era corto, lacio y suave; me envolvió un fresco y varonil aroma de su perfume.

(Edu) -¡Suéltate mami, suéltate! Arengaba. (Se conoce que estaba a muy pocos pasos disfrutando del espectáculo).

Sus palabras me alentaron a disfrutar sin culpa, estaba allí por pedido de mi amado y bajo su presencia, (en caso de que algo no me gustara estaba Edu para socorrerme)

Nuestras manos se escabulleron en el cuerpo del otro palpando cada centímetro.

Desprendió el cierre trasero de mi vestido, metió su mano y me acarició la espalda en forma descendente y con un suave movimiento dejó caer el vestido a mis pies.

Y ahí estaba yo! Exponiendo mis senos porque no llevaba sostén, y una diminuta tanga bajo la mirada de hasta ese momento era un enigmático personaje para mí. Me hubiera encantado ver la expresión de su rostro ante mi desnudez.

(Gastón) – ¡Me encanta lo que veo, tu piel es suave, hermosa por donde se te mire Eva! –

Con ambas manos palpaba y estrujaba mis pechos más bien pequeños, pero de una perfecta redondez y firmeza. Me encantó sentir aquellas manos grandes y varoniles sobre la fragilidad de mis senos. Con una perfecta sincronía tomó entre sus dedos ambos pezones los fue apretando hasta hacerme sentir dolor, y en ese preciso momento esboce un gemido de placer y dejé fluir de lo más profundo de mi ser haciéndole saber que era así como me gustaba…
“Así así me gusta”

(Gastón) – Lo sé mami! tu marido me contó algunos secretitos para que tuviera en cuenta – (No me esperaba tal respuesta)

En ese instante quise arrancarme el antifaz y disfrutar visualmente del momento, pero echaría a perder la fantasía de Edu, por lo que no me quedó otra que contenerme.
Me calentó que me llamara mami, y aquella especie de complot entre ambos me volvió loca. Le pedí que se quitara la ropa, ya se estaba tardando demasiado en hacerlo.
¡Desvestiste!

(Gastón) Hazlo con tus manitos mami! Sácame todo! (el muy zorro se seguía haciendo desear)

Le levanté la remera y al paso palpé su pecho marcado, su figura indicaba que en ese cuerpo había varias horas de ejercicio.

Luego fui por el cinto, (ese es uno de los momentos que más me calienta e inevitablemente mi cara se transforma, mi marido siempre me dice que pongo la mejor cara de puta que haya visto en su vida) Cuando fui por el pantalón me agaché ante él, y me topé con el detalle de sus botones, me costó algo de trabajo desabrocharlos, pero eso le sumó aún más deseo, más adrenalina.

Mientras lo hacía era inevitable el roce, y con el su volumen aumentaba, y mi calentura también. Él jugaba pasando los dedos por entre mi cabello.

Le bajé el pantalón pero sin quitárselo y me fui trepando por sus piernas velludas subiendo hasta llegar al bóxer y lejos de pensar en quitárselo con la palma bien abierta y por sobre la tela lo franeleé, y palpé su bulto, era evidente que estaba en presencia de una importante dotación y con la ayuda de ambas manos, una de cada lado se lo fui bajando haciendo tope con el pantalón.

(Edu) – Vamos nena! Quiero ver cómo llenas tu boca hermosa con semejante pijaso –

Sus comentarios me elevaban al máximo. Mi mente imaginaba la reacción de Edu de ese instante, su delirio por verme con un dotado. Lo sabía excitado como cuando me pide que me toque mientras él me mira y hace lo propio.

Al tanteo me topé con su falo erecto. Lo tomé con ambas manos y me lo llevé a la boca (era realmente muy gorda) muy suavemente comencé a estimularlo y con su propio jugo preseminal lo auto lubricaba favoreciendo así el deslizamiento de mis manos, sin olvidarme de alcanzar sus testículos, que contrariamente a su gran miembro estos eran de tamaño pequeños y suaves…

Su respiración se aceleraba, Edu no dejaba de decirme palabras “guarras”. Él sabe lo mucho que me calienta y cuanto me mojo cuando me hablan sucio. Je je
Intercambie mis manos por mi boca, la tuve que abrir al máximo.

Vaya pedazo de pija nene! se me escapó sin pensar…

(Gastón) – Qué putita! ¿Te gusta? Qué rico la comes mami…

Me agarró del pelo y me empujaba para que me la tragara toda, pero era demasiado grande, no podía, por más que lo intenté me ahogaba.

Luego de mamársela por unos minutos me alejó alzó y apoyó sobre la cama con delicadeza.

(Edu) – No te imaginas lo feliz que me hace verte en acción con otro que no sea yo.-
Comentaba acariciando y besando mis senos (estaba sobre la cama, desnudo y muy excitado), lo pajee un poco mientras que Gastón me sorprendía con sus dedos en mi raja, subía y bajaba separando mis labios, preparándola para lo que se venía…

Hasta ese momento Edu era sólo un voyeur privilegiado, pero no pudo contenerse y se sumó con manos y boca fomentando la calentura y permitiéndome vivir una experiencia hasta ese momento inimaginable.

Mi marido se encargó de comerme la boca con los besos más calientes que jamás antes me había dado…

(Gastón) – mmm mamita que calentita y mojadita tienes la conchita –

Me agarró de las piernas y me arrastró hacia adelante, separándome de Edu; quedé al borde de la cama. Acomodó mis piernas a su antojo y hundió su cara de lleno entre mis nalgas; se prendió del clítoris y unos dedos en mi vagina que entraban y salían a un delicioso ritmo.
Nunca olvidaré aquel orgasmo, fue increíblemente maravilloso.

(Edu) – ¡Wow! Qué buena comida de concha le pegaste… ¡Estuvo mortal! Lo gozaste rico mi vida – con un tono de voz entre excitado y alegre.

Mmm siiiii mi amor! Me encantó! Le respondí con el escaso resto de aliento que me quedaba.

(Gastón) – Esto te va a gustar mucho más putita –

(Me manejaba como un títere buscando una nueva postura. Me giró y me hizo poner en cuatro, la conocida pose del perrito) Tomándome por la cintura arremetió con total desparpajo; me la apoyó dejándome saber que estaba totalmente erecto. La restregó, una y otra vez sobre mis labios mayores y yo me retorcía de ansias por sentirla dentro de mí…

Cuando se cansó de franelearla me penetró; su grosor ejercía presión en mi cavidad, me palpitaba del calenturón y de lo más profundo de mi interior se libraron unos quejosos suspiros haciéndole saber el goce que me estaba provocando; y en pocos segundos como trofeo bien ganado la tuve toda dentro de mí.
Sus manos bajaron a las caderas tomando impulso con ellas manipulando las embestidas hacia afuera y hacia adentro. Una mano alcanzó el clítoris qué sobó en paralelo sin perder ni un segundo el ritmo de la cogida. Era la mano de Edu, la reconocí por sus estímulos, eran precisos y excitantes como sólo él lo sabe hacer…

(Gastón) – ¿Te gusta así? –

A pesar del antifaz permanecía con los ojos cerrados y con la boca entre abierta por el goce que me ocasionaban les regale los gemidos más intensos de la noche.

No tuvo mejor devolución a su pregunta más que la de solo verme y oírme…

Sin embargo Gastón siguió dando batalla, era incansable, de un aguante admirable. Me liberó de la pose girando mi cuerpo mientras él se re acomodaba.

Me agarró del pelo y me estrelló contra sus genitales, para no perder el ritmo de su trato le agarré la pija desde la base del tronco y al llegar a los testículos los lubriqué con mi saliva y se los comencé a succionar con ímpetu, tipo sopapa; (me encanta hacerlo, y no a todos les gusta, por el contrario; algunos sienten dolor)
Sin despegar mi boca ni un instante de su piel fui subiendo poco a poco hasta llegar a su pecho; busqué sus tetillas las lengüeteé suavemente probando su reacción, y su cuerpo jadeante me demostró que lo estaba gozando …

(Edu) – Móntalo Eva. Muéstrale lo buena jinete que sos…

Por supuesto que no dudé en complacerlo. En sigilo subí hasta el rostro de nuestro invitado; busqué su boca y lo besé; sus besos trasmitían fuego.

Me giró la cara con sus manos y al oído me susurró: (Gastón) – ¡Cabálgame putita hermosa!

¡Así lo haré! (Le respondí entusiasmada)

Me incorporé y tomé su falo entre mis manos, me abrí de piernas y apoyé la cabeza del mismo en la húmeda e insaciable conchita, quería gozarla nuevamente, disfrutarla cada centímetro y así lo hice; fui descendiendo y palpitando paso a paso su generosa longitud…

Con la imagen de mi marido en mi mente lo cabalgue a mi antojo, mientras él se apoderó con ambas manos de mis pechos masajeando y estrujando a su merced. Esto incrementaba mis gemidos y mis movimientos se tornaban más fuertes. Cuando se cansó de mis senos me agarró con ambas manos del trasero y me estrellaba contra sus huevos; ese exquisito sonido fue la musa que faltaba para acelerar mi orgasmo, su pija latiendo dentro de mí me anunciaba que no podía aguantarse más, sus quejidos comenzaron a incrementar mezclándose con los míos; hasta que fui gratamente sorprendida por la caliente y dura pija de Edu dentro de mi boca que mamé con devoción…

Mi cuerpo vibraba extasiado.

(Edu) – ¡Toma mi lechita bebota!

Mmmm qué rica mi Amor, dámela que me la tomo todita!

(Gastón) – Acábame de nuevo putita que te lleno la conchita con mi leche calentita, con tu permiso Edu…

(Edu) – ¡Dale amigo dásela toda!

Ahhhh ahhhh ahhhh acabamos los tres con una diferencia de segundos; quedamos extasiados de placer. Entre silencio y resoplos de suspiros me levanté y fue entonces cuando Edu me autoriza a sacarme el antifaz.

Al hacerlo quedé encandilada por la luz, solo veía dos figuras frente a mí. Por inercia froté mis ojos, hasta que de a poco se me fue despejando la visión y los veo a ambos frente a mí esperando mi reacción…

Me quedé perpleja al reconocerlo!

¿Qué haces vos acá? Con razón la voz me resultaba familiar…

Busqué una explicación en la mirada de Edu, que no supo que responder en el momento, voltee a mirar al supuesto Gastón, que en realidad es Alejandro y es el mejor amigo de mi marido. Muy lindo por cierto, pero jamás se me hubiera ocurrido pensar sexualmente en él.

(Edu) – Amor si te lo decía no ibas a querer, y quién mejor que un amigo para mantener el secreto.

(Ale) – No te enojes Eva. La pasamos genial, y Eduardo tiene razón, si te lo proponía no ibas a aceptar, espero que con esto no se rompa nuestra amistad…

Pueden que tengan razón, pero para la próxima que sea sin antifaz. (Acompañando con una risotada)
Descomprimieron el tenso momento sumándose con risas y gestos de alivios acercándose a mí.

(Edu) – Te Amo nena!

Y nos fundimos en un beso cómplice. Dale súmate le dije a Ale invitándolo a sellar nuestras bocas…Y con ese beso compartido juramos que ese sería por siempre nuestro mayor secreto.
Fin…

Navegar en tu profundidad

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Mis brazos van en búsqueda de tu cuerpo…
Mis manos lo encuentran y rodean tu hermosa figura.
Advierto el calor que desprenden los poros de tu piel acelerando notablemente el ritmo de mi respiración que se confunde con tus latidos.

Abrazo tu sensualidad y tu te estremeces como olas en el mar; y más aún cuando mis manos moldean una a una tus curvilíneas palpando el mapa de mis deseos, descubriendo que eres la guía perfecta para el universo de mis fantasías.

Con tu mirada de cristal  me induces a transitar por tus zonas prohibidas, explorar tus cavidades y zambullirme en tu humedad gobernando tus suspiros.

Alimentarme de tus latidos al rozar tu vulnerabilidad; internarme en ella socavar en tus profundidades y quemarme en su interior cuando ardas como una hoguera y morir de placer viendo tu alma a través del destello de tus ojos que me miran extasiados.

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