Para los que andan en la movida, les recomiendo esta pagina.
En la ducha!!
Después de un día intenso y agotador al fin estaba en mi casa, dejando la ropa tirada que me iba sacando por el camino me fui directo a la ducha, mi cuerpo acalorado lo estaba necesitando y yo deseando.
Abrí el grifo, y me introduje en ella… que placer tan grande me dio sentir sus gotas pegando en mi cara, cayendo por mi cuerpo refrescándolo al pasar.

De pronto me sorprendieron unas manos que me tomaron por detrás, sin reparar de quien se pudieran tratar, mágicamente me dejé llevar. Se posó sobre mi espalda y como haciendo firuletes con movimientos suaves y envolventes subió hasta mi cuello, mi cuerpo se estremeció por completo cuando una boca pulposa comenzó a succionarme la piel de mi erguido cuello de una manera excitante, abrí los ojos de repente y vi la erección de mis pezones a flor de piel, mientras, el agua caía en forma de cascada sobre ellos arrancándome un gemido de placer infinito…
Dejándome percibir la suavidad de sus manos que bajaron por la espina dorsal sintiendo un cosquilleo que me hacía tiritar. Deteniéndose en el nacimiento de la cintura donde se quedó tan solo unos segundos para luego continuar bajando por el contorno de mi trasero, con una de sus manos recorrió el surco de mis nalgas, y con la ayuda de la otra separó lo suficiente como para apoyar su barbilla haciendo lugar para introducir su áspera y caliente lengua en él, lamiendo desde abajo hacia arriba y viceversa, esto más el agua pegándome en la piel fueron una dupla perfecta que desató un poderoso temblor, provocándome diversos jadeos a la vez que mordía con desmesura mi labio inferior.
Repentinamente y sin dejar de lamerme el ano, recurrió a una de sus manos para introducir algunos dedos en mi candente vagina, propinándole suaves movimientos al principio que fueron aumentando vertiginosamente en el que no tardé en entregarle el fruto de mi sobreexcitación. Él continuaba en silencio, pero pude percatarme de su respiración resoplando en mi nuca.
Mientras el agua se llevaba consigo mis jugos abrí los ojos y giré en busca del rostro de mi amante furtivo, que tan bien me había hecho sentir…
La puerta del baño permanecía cerrada, la mampara también, gire en busca de él, pero no había nadie, estábamos tan solo yo y el sonido del agua muriendo a mis pies.
Limpie el espejo semi empañado buscando una explicación, me sonrojé frente a él y sonreí al darme cuenta que solo había sido mi imaginación.
-¿me estaré volviendo loca?- pensé-
Lo sentí tan real, que me hizo delirar…
Fresca y relajada me fui a la cama sin cenar.
De día, de noche, despierta, dormida sigo esperando que vuelva a aparecer mi amante irreal.
Una cama para 3
Con mi novio nos fuimos a comprar los ingredientes que nos hacían falta para la cena. Ya dentro del lugar y hurgando en la góndola de quesos, nos encontramos a una vieja compañera de la secundaria que desde entonces no veíamos
Fue una gran sorpresa que ella nos reconociera porque nosotros a ella no la hubiéramos reconocido nunca, es que aquella chiquilla regordeta de entonces hoy dejaba ver su menuda silueta bajo un vestido corto y al cuerpo, que no dude en halagar, a lo cual mi novio por detrás hizo suya mis palabras
Nos contó estaba de paseo; y paraba en casa de sus padres. Se había mudado a la ciudad de donde era nativo su pareja. Con esto ya nos había dejado saber claramente que tenía novio.
La verdad que con su conversación nos tenía cautivos, mientras ella hablaba nosotros nos miramos adivinando lo que el otro pensaba, ambos teníamos ganas de saber más sobre ella.
Invitarla a cenar era lo menos que podíamos hacer para festejar el reencuentro.
Aceptó encantada nuestra invitación con la condición de que le dejemos a ella comprar las bebidas viendo como tumbaba al carrito un par de vinos de los buenos, y una botella de whisky escocés mientras tanto nosotros escogíamos el postre a llevar
Ya en el auto y dejar de hablar llegamos a la casa de sus padres, la dejamos allí y seguimos camino a nuestro hogar.
Mientras cocinábamos nos propinábamos mimos todo el tiempo, disfrutamos de cada momento que pasamos juntos, y no siempre tiene que ser sobre la cama
Ya casi lista la cena he ido por una ducha caliente mientras mi amor avivaba el fuego de la estufa hogar para recibir cálidamente a nuestra invitada.
A punto de salir de la ducha mi novio se aparece con un pequeño paquete de regalo, para que estrenara ahí mismo, en mi rostro se vería reflejada mi sorpresa porque me dice: no quieres? no te lo doy nada
Entre risas y besuqueos lo desenvuelve diciendo
_Mientras no me reemplaces!!!
Era un dildo siliconado simulando ser muy venoso dando una sensación extra, me lo llevó hasta mi boca pidiendo que lo lamiera, introduciéndolo suavemente en ella comencé a apretar los labios en un vaivén continuo sintiendo así las generosas venas casi como si se tratara de una gran pija venosa real. El me miraba mientras se tocaba su miembro ya hinchado bajo el pantalón, agarrando mi mano derecha la llevo hasta su abultado sexo diciendo
_ Esto y mucho más te espera esta noche luego de que se vaya nuestra visita.
Comprobé con mis manos que cada vez se ponía mas y mas duro, como buena perversa que soy lo acariciaba suavemente sin dejar de jugar con el dildo en mi boca, pasando mi lengua por mis labios, acto que lo vuelve loco, me tomo con fuerza de la cintura llevándome hasta él, me quito el dildo de la boca y tras mirar el reloj (comprobando que aún sobraba tiempo) me metió la lengua enroscando con la mía me dio un beso de eso que se te pone la piel de gallina, el dildo que aún sostenía en su mano lo paso superficialmente por mi conchita pero igual así llegue a mojarlo, lo miro, sonrió, y me lo llevo a la boca.
_Chúpalo todo, quiero verte la cara de putita cuándo te lo comes
Sus palabras me excitaron doblemente, mi respiración se acrecentó ante la situación, su miembro no cabía en el interior de su pantalón, en ese mismo instante suena el timbre del portero.
A las corridas me termine de vestir, sin más tiempo a acomodar la habitación, me peine a las apuradas, me puse unas gotas de mi mejor perfume y me dirigí al living.
Justo a tiempo que ella entraba por la puerta principal y por detrás Mariano que me hacía señas obscenas haciendo referencia sobre el culo de nuestra invitada.
Cordialmente y muy a gusto la recibí, en verdad estaba feliz de volverla a encontrar, ella parecía estarlo también, quitándole el abrigo como todo un caballero la invito a sentar.
Mientras el fue a revisar la cena nosotras no parábamos de hablar, parecíamos 2 cotorras enjauladas, jaja es que habían pasado ya unos cuantos años de no vernos, y había mucho de que hablar.
Dirigiéndose hacia nosotras con el cantico de la cena está casi lista se viene acercando mi novio a lo cual Perla me dice:
_ Qué guapo está Mariano, que físico ha echado y tu mi querida estás descomunalmente bella belleza al natural mas bien, porque no te veo una pizca de maquillaje sobre tu rostro.
Le agradecí con sonrisas sus halagos y no pude contenerme de decirle la figura que había logrado en estos años de no vernos, con un dejo de timidez se sonrojo y me respondió: es que he perdido unos cuantos kilos desde la secundaria a esta parte, también he aprendido a amar y cuidar mi cuerpo como antes no lo hacía.
Interrumpidas por Marian (como lo llamo yo cariñosamente) nos señalo la mesa con un gesto como cuán mesero de un restaurant, solo le faltaba la servilleta colgando del brazo, jaja
Fui en busca del vino que Perla había elegido para la ocasión, una vez puesto en la mesa Marian nos sirvió y alzando las copas brindamos por el reencuentro.
La cena estaba exquisita, casi a la perfección me animo a decir.
Entre charlas recordatorias de nuestra época de estudiantes las copas se vaciaban,las cuales eran llenadas casi al instante por el único caballero de la casa, él estaba atento a todos los detalles, para que la cena fuera una agradable noche de tiernos recuerdos y nuestra invitada se sintiera como en su propia casa.
Los 3 nos quejábamos de lo mucho que habíamos comido, pero ninguno decía nada de lo mucho que habíamos bebido, pero el fuego que encendían mis mejillas denotaba el exceso de alcohol que había entrado en mí.
Ni que decir de Perla que ya no le quedaba más prenda por quitar, le echaba culpas al hogar que estaba encendido detrás.
Hicimos una pausa entre la cena y el postre, pero seguimos bebiendo del exquisito vino que bien había sabido escoger.
Esos recuerdos inolvidables nos transportaron a la adolescencia más añorada; tras un suspiro que salió como ahogado de mi profundo interior comenté:
Qué tiempos aquellos!!!
Se miraron y largaron una carcajada sincrónizadamente como si se hubieran puesto de acuerdo.
Con un poco de dificultad al pararme fui en busca del postre, haciendo alusión que se me había trabado el taco al salir.
Disculpándose por levantarse de la mesa fue por detrás Marian, ayudando a sacar el postre de la heladera le mencione de sacar la botella de champaña que teníamos guardada desde otra ocasión, me toma por sorpresa metiendo toda su mano entre mi culo y mi cuevita y al oído me dijo:
Me encanta verte así de mareadita, estoy como loco viendo como bebes sin culpas, te desconozco un poco, vos no sos de beber y te está sentando fatal, no veo la hora de llevarte a la cama y de cogerte toda, me animo a decir que hoy serás mi sometida
Lo callo sellando sus labios con un beso y con un pequeño empujón de cadera le respondí: No exageres que no he tomado casi nada.
Con el postre en mis manos caminando delante volvió a meterme la mano en el culo, estaba desaforado, más bien descontrolado pensé
Al llegar a la mesa vemos a Perla viendo unas fotografías que yacían sobre un mueble al lado del equipo de música, eran de nuestro viaje por el interior.
Nos ubicamos nuevamente en nuestros sitios mientras comentábamos nuestra experiencia de ese no tan lejano viaje, a la vez que degustábamos de un riquísimo postre con abundante crema, chocolate, dulce de leche, no le faltaba nada, era deliciosamente exquisito.
Volvimos a alzar las copas a diferencia que esta vez era de champaña y no de vino, el motivo también era otro
Que la próxima vez trajese a su pareja.
Marian aprovechando que se hablaba de ello le preguntó a Perla a que se dedicaba su novio
Perla airosamente y sin prejuicios pide perdón por corregirlo, ambos nos miramos sin saber qué cosa iría a decir
Interrumpiendo nuestros pensamientos dice:
No es él, es ella
Y nosotros que somos una pareja modernizada y apostamos al amor, sin importar con quién largamos la contenida respiración con una sonrisa y al choque de copas brindamos por ello
No pude ocultar mi curiosidad de saber como se habían conocido, así que se lo pregunte
Anonadada estaba oyendo su historia de Amor, a Marian creo que un poco lo aburrió porque encontró un pretexto para retirarse de la mesa.
La charla se hizo corta pero creo que fue por mas de 1 hora de conversación continua.
Dejamos de hablar cuando nuestras gargantas se encontraban seca, las copas se encontraban vacias, y la botella también
Recordé el escocés que teníamos y fui en busca de él, aproveche a ver que hacia Marian, tirado sobre la cama y vestido en la habitación chica lo encontré.
Dormidísimo, ni se enteró de mi presencia.
Me dio pena despertarlo, así que con el escocés entre manos y un par de vasos para la ocasión me reuní nuevamente con Perla.
Sonrió al verme llegar abrazada a la botella,
_ pensé que te habías olvidado mencionó.
_Eso nunca le respondí
No recuerdo cuantas veces chocamos los vasos brindando por el reencuentro, pero si recuerdo que estábamos felices de ese momento.
Perla se levanto con un poco de tambaleo, se notaba que le había pegado mal el escocés , pidiéndome que le enseñe el camino al baño la acompañe hasta el, quedé esperando en el pasillo que divide el baño de la habitación, por si se necesitaba algo .
Al cabo de un par de minutos volvió a salir y se la veía bien, mareada un poquitín, pero solo eso.
_Aguarda; le dije _ ya que estoy aquí voy yo también.
Al salir no estaba esperándome, pensé tal vez estaba en el living, seguí caminando hacia el y al pasar por la puerta de la habitación la veo
Tumbada en la cama y con el nuevo regalo de Marian en la mano, me mira vislumbrada a la vez con picardía y con su dedo índice me indica que me acerque a su lado.
Al llegar y sin promediar palabras dejó el dildo sobre la cama, me tomo de la mano y me hizo sentar a su lado.
Intuí al instante lo que se avecinaba, y pensé
_ la fantasía de estar con otra mujer se me hará realidad esta noche, interrumpió mi pensamiento cuándo sus manos acariciaban mis cabellos, mi rostro, mis brazos, me hacia estremecer cerré los ojos y me dispuse a disfrutar.
Con los ojos cerrados sentí su boca posar en la mía, tan suavemente que apenas me di cuenta, jugo con su boca entre abierta sobre la mía, sin besarme, solo jugaba, mientras sus manos inquietas me recorrían el cuerpo por sobre mis prendas, alzó mi mano derecha la puso encima de la de ella y la guio hasta su escote, subía y bajaba haciéndome notar su marcado y erecto pezón
_Te gustaría acariciarme por debajo de mi vestido? Me preguntó
_A esta altura ya no lo dudaba, le respondí que sí que lo estaba deseando.
Le dije _Tendrás que tenerme paciencia es la primera vez que voy a acariciar a otra mujer
Ella respondió con una sonrisa _ seguro que después de esta vez no será la única, déjate guiar por mí y déjate llevar por el momento, te sorprenderás de lo rico que la pasaremos vos y yo.
Desprende mi soutien no seas vergonzosa
Mis nervios se los trasmití a mis manos que no paraban de temblar, lentos eran mis movimientos sentí que tardé una eternidad en llegar hasta la prendedura de su elegante soutien.
Sentía pudor de tocar su piel, apoye mis manos suavemente sobre la prendedura y sin querer la roce, entonces ella percibió mis manos temblorosas y dijo_
Mujer no tengas miedo de mí, cierra los ojos y acaríciame el rostro con el revés de tus manos, será más fácil para romper el hielo.
Con un gesto asentí a sus palabras y me dejé llevar por su pedido.
Cerré los ojos y aún con mis manos temblando tímidamente las pose sobre sus mejillas, recorrí su cara toda y le pedí que ella también cerrara los ojos e hiciera lo mismo conmigo.
Ella respondió: _ exactamente lo que estaba por hacer, solo que no te iba a avisar.
Sentí sus manos tibias recorrer mi frente, los pómulos, la nariz, cuando llego a mi boca se detuvo un instante y sentí diferente eran las palmas de las manos, era una sensación aún más placentera.
Y copiando cada uno de sus movimientos los repetía para con ella.
Comenzó a usar sus dedos y con ellos recorría mi boca, metiendo un dedo dentro despegando mis labios entre sí, mi boca estaba seca de los nervios que tenía, el movimiento de ellos dentro de mi boca me provocaban deseo, deseaba chuparle uno a uno sus dedos, pero me parecía muy atrevido para ser la primera vez.
Siguiendo paso a paso todos sus movimientos, y con un poco de pudor metí mis dedos en su boca, pero a diferencia de mi; Perla cerro la boca y los empezó a lengüetear, (no puedo trasmitir lo que sentí en ese instante).
Fue sensacional.
Con su voz entrecortada me dice_
Mueve tus dedos en mi boca, siente mi lengua entre ellos
Me tomo del puño y quito mi mano de su boca apretando mis dedos entre sí, me clavo la mirada mientras se llevaba mis dedos a su boca como si fuese un helado los lamio
Me excito mucho verla hacer aquello.
Soltando mi mano se fue acercando más, y más, cuando quise darme cuenta tenía su boca sobre la mía y acabamos fundiéndonos en un beso suave y dulce
Ella sin perder el tiempo desabrochó uno a uno los botones de mi abrigo, canchera para esta tarea quito de a una las mangas librándose así de la prenda, debajo de ese abrigo llevaba una camiseta negra de lycra transparente y al cuerpo, dejaba percibir mis senos libres de soutien, como le gusta que lo lleve a Marian
Haciendo alusión al modelo de mi camiseta comentó
_ Que sensual es el diseño, y que senos mas turgentes escondes debajo de todo eso, mientras levantaba la camiseta de ambos lados enroscándola hacia arriba dejando mis pechos a su merced, con su mano derecha daba vueltas en círculos sobre la aureola de mi pezón, la sensibilidad que en ellos tengo no se hizo esperar
Se erizaron al instante
Con un gesto de gusto ella comentó:
_ mmmmm que lindura de pezones bien duritos como me gusta a mí, y en una embestida ya estaba allí, comiéndomelos primero los lamió provocándome más excitación de la que ya tenía, luego jugó con ellos con su boca, pasando de un pezón al otro dándoles un chupón entre dientes cada vez.
Sentí la necesidad de hacer lo mismo y empecé acariciando sus hombros, su torso todo, concentrándome en ese par de tetas enormes, creería que supera la talla 100 ampliamente. Sus pezones eran más bien grandes y rozados, se los humedecí con mi lengua para luego soplar sobre ellos, (esto lo copie de Marian) y particularmente me excita mucho que me lo haga. A esta altura sus pezones estaban duros como una roca, los disfrute cada centímetro y a cada lametazo que le daba, deliciosos los encontré.
Ya casi sin pudor subí al encuentro de sus labios carnosos que no se hicieron desear, entre besos y toqueteos nos dejamos caer en la cama.
Perla se arrodillo frente a mí sin dejar de mirarme arrastró sus manos hasta mi cadera en busca de la prendedura de el jean, desabrochando los 2 botones y bajo el cierre del mismo y ayudando la tarea levante mis piernas para que al fin se librara de ellos, arrojándolo al costado de la cama
Pensé _ ahora me quita la tanga, pero no lo hizo.
Se inclino encima de mí, quedando a la altura de ella, me acariciaba la zona con movimientos suaves, deseaba que sus dedos se apiadaran de mi excitación, y se metieran debajo de ella, pero no, bajo su cara hasta mi vagina y lamia por sobre la tanga. Estaba empapada no daba más, quería sentir su boca dentro, sin pensármelo le dije_ quiero sentirte dentro, cómemela toda, no me hagas esperar.
Con una gran sonrisa me responde:
_ Estaba deseando que lo pidieras
Sin promediar más palabras corrió la tanga a un costado y comenzó a beberme el néctar que ella misma me había provocado.
A cada vaivén de su lengua mi cuerpo se estremecía, enchastrando toda su boca, sentía como mis jugos eran absorbidos por ella, como una esponja. De repente; se inclino hacia un costado despegando su cara de mi excitada vagina.
Tomo el dildo que minutos antes ella misma había dejado; allí arriba. Me lo metió en mi boca para que lo lamiera, dejándolo todo mojado de mi propia saliva; lo llevó hasta mi caliente y latente sexo, lo introdujo en ella metiendo los no menos de 20 cm que le calculé que tendría, lo encendió; a la vez que lo metía y sacaba, sintiendo las gruesas venas que simulaba tener, estaba a punto de estallar; cuándo sin dejar de jugar con el dildo se apoderó de mi clítoris, entre lametazos y mordiscos, perdiéndome en un mar de sensaciones difíciles de explicar con palabras, entrando en el maravilloso estado de clímax total acabé dejando todo mi néctar a su disposición que sin perder un instante retiró el dildo y comenzó a beberlo todo como premio final.
Levantando su boca embadurnada de mi miel subió al encuentro de la mía, nos fundimos en un beso, saboreando de mi propio sabor.
Mientras Perla fue al baño me quedé rememorando lo sucesivo, y me pregunté: Y ahora que hago?
No sabía cómo manejar la situación, me encontraba extraña…
La adrenalina corriendo a full por todo mi cuerpo aún sobresaltado por aquel orgasmo que Perla me había provocado minutos antes, cuando de repente me pareció verla pasar por el pasillo contiguo en dirección a la cocina; sin perturbar mis pensamientos seguí cómodamente recostada boca arriba, la veo entrar con un vaso en la mano sin alcanzar a distinguir que tenia dentro.
Casi murmurando como si hubiera leído mi mente me dice:
_ He quitado un poco de crema que decoraba el postre para que juguemos con ella. Espero que no te molestes por ello.
Ante mi cara atónita mientras me enderezaba, ella, sonreía, a la vez que me decía:
_A sabiendas de tu debilidad por los dulces, nada mejor que seguir disfrutando de ellos!!
Puso el vaso en mi mano, se recostó, boca arriba, delante de mí, yo estaba sentada en una cómoda posición de relax, que uso a menudo en las clases de yoga. Desde esta posición tenía una visión perfecta de sus generosos, firmes, y naturales pechos.
Aún con el vaso de crema en la mano con una mirada tímida recorría su cuerpo mientras pensaba como seguir.
Y casi era lógico darme cuenta que debía comenzar por ese par de tetas que Dios le ha dado, metiendo mi dedo índice en el recipiente y como queriendo emparejar la cantidad recorrí en circulo el mismo quedándome con una generosa porción.
Para mi sorpresa ya no me temblaban las manos a la hora de tocarla, así que sin más preámbulos embadurne sus aureolas y pezones, sintiendo con cada desliz como sus pezones se iban hinchando ante mis ojos.
Y antes de que la crema comenzara a dispersarse ante el calor de su cuerpo, con la punta de la lengua, y ágata rozando sus pezones comencé a lamerla lentamente, viendo su rostro como se desdibujaba en cada lengüetazo. Y no paré hasta que no quedó ni una gota de crema en ella.
Volví en busca de mas nata pero a diferencia de la primera vez metí dos dedos en el recipiente, obteniendo mayor cantidad, la distribuí por todo su abdomen, bajando hasta su ombligo y siguiendo hasta sus caderas como marcando el camino, dejando el resto.
Y haciendo el mismo recorrido que antes hice con mis dedos, lo recorrí con mi boca, lamiendo y comiendo mi dulce preferido, ella se regocijaba de placer, oyendo su jadeo aceleré mis movimientos bebiéndolo todo, hasta llegar a sus caderas, cada gota de crema que allí quedaba era consumida por mi hambrienta boca.
En el vaso quedaba aún una buena ración de crema, que bien me la había reservado para endulzar su parte más deseada. .. Su sexo!!
A mi nariz llegaba el olor de su inquietante excitación, ese olor inconfundible que desprendemos cuándo estamos extremadamente excitadas, y debo reconocer que yo también lo estaba.
Suavemente pero con firmeza retiré la diminuta tanga de color rojo, haciendo juego con su vestido, con unos detalles trasparentes que dejaba apreciar una conchita cuidadosamente depilada.
Inmediatamente le pedí que alzara sus piernas, piernas que ella sostenía con sus manos, quedando ante mí un espectáculo digno de ver…
Sus labios carnosos y rozados empapados chorreaban sus nalgas de su propia excitación, y su mirada clavada en mí, me motivaron rápidamente.
A medida que me aproximaba a su vagina su olor era cada vez más fuerte y más excitante, y sin hacerme desear, baje a tomarme su jugoso néctar…
Mmmm
No puedo explicar con palabras la sensación que en ese momento sentí, viéndole la cara, mordiéndose el labio inferior, casi al extremo de lastimarse, con cada movimiento que mi lengua daba en su vulva, elevaba las caderas como si quisiera hundirme en su sexo.
Cuando comprobé que no quedaba nada de humedad, recurrí a lo que sería en rato más mi próxima comida…. Y abriendo sus labios con mi mano izquierda, fui esparciendo la crema a medida que notaba como se entumecía su timido clítoris debajo del capuchón, dejé allí el resto que quedaba en mis dedos.
Estábamos muy excitadas, yo por ser la primera vez que comería una vulva y ella por saber el placer que se avecinaba…
Perla seguía en la misma posición, boca arriba y con las piernas abiertas y elevadas.
Yo me situé con mi cara enfrentando su rozagante vagina, cómodamente boca abajo, para no perderme el espectáculo que seguramente me daría su rostro.
La crema ya comenzaba a derretirse chorreando hasta el ano, y sin más vueltas mi boca fue en busca de ese tesoro, empecé a lengüetazos a comérselo, sentía como este le palpitaba en cada lamida, subí sin despegar mi lengua por su raya hasta su vulva, jugué en ella a medida que me entregaba un sabor agridulce, producto de la mezcla de su constante jugo y aquella crema dulce que minutos antes yo misma había dejado.
Mirar el disfrute de su cara hacía que me sintiera como una verdadera puta, y con más ganas reaccioné, me apoderé de su ya destacado clítoris, lo tome entre mi boca succionándolo, en ese preciso instante un ruido hizo que alzara la mirada hacia la puerta, y ahí estaba, era Marian, haciendo de espectador, solo tenía el bóxer blanco puesto, y vaya a saber el rato que llevaba observándonos, y su mano en la ya dura pija haciendo de las suyas.
La miré a Perla y con un gesto le hice mirar la puerta, al verlo le dijo:
_Llegas justo a tiempo
Excitadísimo y sin hacerse rogar se dirigió hacia nosotras quitándose el bóxer por el camino y mirándome a los ojos comentó:
_ No te cortes, seguí…
y poniéndose detrás de mí; arrodillado en la alfombra, me abrió las piernas y empezó a comerme la ya mojadísima vagina, yo mientras tanto volví a apoderarme de su clítoris y sin entretiempos lo degustaba frenéticamente en mi boca, como si se tratara de un delicioso caramelo. A la vez que Marian me cambiaba de posición, elevando mis caderas y mis piernas dejándome a cuatro patas y bien abierta, se subió a la cama y me lamió un par de minutos más, en aquella posición, sin hacerse esperar sentí su firme y casi salvaje embestida, entrando dentro de mí, golpeteando sus testículos en cada arremetida.
Perla había alzado su cabeza apoyándola en un almohadón para no perderse ningún detalle del espectáculo, tomo de su lado el dildo que minutos antes habíamos abandonado y mirándonos casi con devoción nos tendía su brazo para que alguno de los dos agarrara el excitante juguetito.
Tomando el dildo le pregunte:
_Que quieres que haga con el?
Ella responde:
_Quiero ver como tu novio lo usa con vos
En el traspaso de mano llego al destinatario.
Marian con una sonrisa agradece el gesto.
Y sin perder el hilo de lo que estábamos haciendo, continuamos. Podía sentir por la respiración de Perla que pronto me daría su orgasmo, pero ella queriendo dilatar un poco más la situación se contraía para no acabar …
Perla era la única espectadora de Marian, mientras ella lo veía, yo disfrutaba…
Sacó su gran pija de mi vagina y puso en su lugar el vibrador en velocidad media, a la vez que empujaba hacia abajo mi cintura quedando mi culo más respingón, que de por si sobresale de forma prominente sin necesidad de elevarlo, pero esta postura a Marian lo vuelve completamente loco, y desaforadamente me abría el culo con las manos y a lengüetazos, y con ayuda de los dedos que mojaba metiéndolos en mi jugosa conchita me iba preparando para penetrarme, pero estaba tan excitada con aquel dildo moviéndose dentro de mí que no le llevo mucho tiempo que me dilatara. A diferencia de lo salvaje que me coje por adelante, por la cola siempre es muy cuidadoso, sentí como entraba el glande suavemente abriéndose camino y al ritmo de su suave embestida mi lengua aceleraba los movimientos contra el clítoris de Perla, generando esto una tensión en todo su cuerpo que me lo trasmitió a mí; en ese preciso momento sentía como mi culo se devoraba integramente la pija de Marian, levanté más aun mi cola para sentirlo más y más adentro de mí, me fascina sentirlo todo dentro, sus testículos golpeteando en mi concha me llevaron a un estado de éxtasis descomunal, al acelerar el ritmo de todo mi cuerpo mi boca también lo hacía, escuchar los gemidos de Perla más la pija en mi culo que a esta altura me daba tan duramente como fuera posible, le sume unos dedos en su vulva moviéndome al compas del traqueteo que me daba Marian, sin dejar de succionar el clítoris entre gemidos de ella y mis gemidos me embadurnó la cara con su néctar, y abriendo generosamente mi boca me dispuse a limpiarla , ella estaba alcanzando el clímax total, sintiendo la presión que ejercía Marian en cada movimiento circular que me propinaba (este sabía que era mi punto débil) , alcancé el orgasmo más rico de mi vida, casi sincronizadamente Marian se me puso delante metiéndome la pija caliente en mi boca acabándome en ella, chorreándome a borbotones, inesperadamente Perla se había unido a nosotros y se dispuso a lamer, comiéndose la acabada de mi novio que corría por mis tetas, a la vez que yo me tragaba las últimas gotas que caían de su miembro viril.
Marian nos pidió que con nuestras bocas embadurnadas de su leche nos diéramos un beso delante de él…
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Soy la bocanada de aire fresco entre tanto calor.
La bandera de la paz agitándose vigorosa en una guerra constante entre enemigos silenciosos que lo persiguen adueñándose hasta de su propia sombra.
Como cada día con desesperación busca acoplarse a mi cuerpo deseoso de sentir mi piel y como por arte de magia los fantasmas que lo asedian se evaporan por el aire liberándolo durante las horas que nuestros cuerpos deciden amarse…
Si yo soy el motor y mi energía es su alimento; con todo mí ser y mi amor lo saciaré por el tiempo que permanezcamos juntos…
Me estruja y absorbe como si fuera una esponja que estuvo expuesta al sol; con ella recarga las suyas y aunque embriagado de mí ser, siempre, siempre quiere más…
Soy su punto exacto de ebullición…
El agua placentera que recorre su cuerpo en sus duchas cotidianas…
La azúcar necesaria para endulzar sus mañanas.
La dosis perfecta de hielo para su trago preferido.
Mis pechos hacen de almohada a la hora que decide entregarse sumergiéndose en un sueño reparador…
Mientras estamos juntos todo es mágico, las horas parecen minutos, los minutos segundos. Deseando que el reloj y su agenda deje de separarnos y de recordarle sus obligaciones…
Desde que nos conocimos todo cambió.
Al amanecer el cantar de los pájaros es la más dulce y bella de las melodías que podamos escuchar… El cielo permanece estrellado aunque se avecine la más grande de las tormentas…
A mis oídos podrá endulzar y confesar amarme con el alma y el corazón como jamás antes supo amar; y ser la dueña de sus pensamientos y de sus sueños más eróticos., todo eso puede ser, no lo niego. Pero al llegar el fin de semana a mi teléfono no llama, ni a mi puerta golpea, en esos días él procura ser el mejor esposo y el padre de familia ideal, mientras yo soy la más tierna, dulce, sensual, fogosa, la mejor de todas, no hay fin de semana que no me encuentre en soledad viendo el reloj, parecería que las agujas no avanzaran, las horas se me hacen eternas , los minutos parecen horas, vivo deseando que llegue el lunes para volverlo a tener…
La mujer de mi amante
Hacía siete meses que me había separado de Osvaldo, con el que estuve casada legalmente ocho años y medio, y del cual me estaba divorciando.
Tenía treinta y seis años, y un amante de treinta y dos. Nos conocimos por casualidad una mañana en el banco mientras aguardábamos el turno para ser atendidos; de pronto se me cayeron unos papeles, levantándolos gentilmente me los alcanzó. Al rato de estar conversando nos dimos cuenta que habíamos pegado muy buena onda, me pidió el número de mi celu para llamarme. Y desde ese día comenzó mi historia con Agustín…
Desde el primer momento blanqueó su estado civil con Soledad, su mujer desde hacía cinco años. También me contó que deseaban tener un hijo pero que hasta la fecha no había quedado embarazada.
Comenzamos a vernos una vez por semana, meramente eran encuentros sexuales, me pasaba a buscar a la salida del trabajo y entrabamos a matarnos al primer hotel alojamiento que encontrábamos en el camino. Hasta que nos dimos cuenta que nos extrañábamos en demasía, las charlas por teléfono ya no nos alcanzaban, necesitábamos estar más tiempo juntos… y así fue como llegamos a vernos todos los días, pero a esa altura no era solo sexo, era mucho más que eso, nos habíamos enamorado como dos adolescentes.
Agustín comenzó a inventarle a Soledad nuevas actividades para así poder justificar sus llegadas tardes… Los encuentros eran en la comodidad de mi casa, en la que lo esperaba ansiosa cada día para mimarnos y adorarnos.
Venía todo muy lindo hasta que una tarde suena el celular, era Soledad pidiéndome hablar amistosamente sin que Agustín se enterara, la llamada me había dejado shockeada, no esperaba tamaña sorpresa, al no tener respuesta de mi parte ella me imploraba que no cortara, y que la escuchara… Y comenzó diciendo que hacía tiempo que sabía de mi existencia que pensó mucho antes de llamar, y que necesitaba decirme algo, pero debía ser personalmente.
Me dio temor al principio, pero su voz era serena, segura de lo que estaba diciendo, mi intuición rara vez se equivocaba, y ella me decía que le diera la oportunidad de escucharla.
Me citó en el café en el que almuerzo en mi horario de descanso, no sé cómo, pero conocía hasta mi rutina. También sabía que no corría riesgo de que Agustín nos viera porque en ese horario era imposible que salga de la oficina.
Llegué unos minutos antes de la hora acordada, me pedí mi jugo de naranja diario, no podía pensar en comer, se me había cerrado el estomago por los nervios que me causaba la intriga.
La veo entrar con su melena rubia, muy esbelta, atractiva, de figura privilegiada, dirigiéndose directamente a mi mesa. Me saludó con un beso en la mejilla, (se la notaba nerviosa, temblorosa) tomó asiento y me comenzó a contar el día que descubrió que existía otra mujer en la vida de su marido, le dio mucha rabia lloró mucho aquel día, pero lo aceptó con una naturalidad que jamás se hubiera imaginado…
Pero eso no era todo, no solo quería que yo supiera que ella estaba al tanto sino que me pidió algo que me dejó estupefacta.
Esa mujer de ojos rasgados de color azul cielo quería llevar a cabo una fantasía que decía estar volviéndola loca.
Dijo que le daba vergüenza aquello que estaba a punto de pedirme, pero que eran muchos más fuertes los deseos de cumplirla que el riesgo a que yo rechazara su petitorio.
Tener frente a mí a la mujer del hombre que me enamoró ya era suficientemente fuerte, pero aún mucho más lo fue cuando la escuche decir que quería espiarnos mientras “lo hacíamos” textuales palabras de ella. Cuando logré salir de mi asombro le pregunté porque querer hacer algo así. Me convenció diciendo que no tenía una razón entendible, que su fantasía era verlo gozar con otra mujer que no fuera ella
Yo debo haber estado más loca que ella porque a pesar de no poder ponerme en su lugar, acepté ser su cómplice. En ese momento no pensé en el riesgo que podíamos correr, una mujer despechada era capaz de cualquier cosa. En los pocos minutos que nos quedaban antes de volver a la empresa nos pusimos de acuerdo en que esa misma noche ella llegaría a mí casa una media hora antes que Agustín para ultimar los detalles.
Lo que restó del día hasta llegar a la noche se me hizo eterno, no pude dejar de pensar en la fantasía de Soledad. “Hacer el amor sabiendo que ella nos estaría mirando”, me daba nervios, pero también mucha morbosidad. Una sensación indescriptible.
Llegué a mi casa, era demasiado grande para mí, con sus amplias habitaciones que cuentan con sus respectivos baños dentro de ellas Mi cuarto era el primero y el único con baño incluido, sus paredes dan al living y a la cocina, los otros dos son separados por un pasillo que a su vez si se sigue por el mismo nos conduce al quincho y al gran patio repleto de árboles frutales, y plagado de flores de temporada. Con una hamaca paraguaya entre las plantas, es un lugar muy acogedor. De ese lugar poseeo los mejores recuerdos de mi infancia. En ella nos juntábamos a comer religiosamente cada domingo las pastas de la abuela Josefa y el tuco a cargo del nono Felipe. Ellos eran los papás de mi madre, única hija, al igual que yo, por ende fui su heredera. Aunque sigo conservando la casa en estos momentos la tengo alquilaba a una familia Española que se vino a radicar a la Argentina.
Ni bien atravesé el umbral fui directo a poner, música, necesitaba distenderme, nada mejor que escuchar a Fausto Papetti en esa ocasión; (para los que no lo conocen les cuento que fue para mí uno de los mejores saxofonista que he tenido el placer de escuchar).
Subí el volumen y me fui a dar una ligera ducha, luego de nutrir mi piel me puse a buscar la ropa que me pondría, hacía mucho calor, generalmente lo solía esperar en ropa interior, pero dado que Soledad vendría no quedaba muy bien recibirla de esa manera. Así que me decidí por un vestido suelto de seda suave y liviana, de breteles finos, estampado de tonos claros; y unas chatitas doradas. De ropa interior me puse un conjuntito blanco haciendo contraste con piel bronceada. Soy lo opuesto a Soledad, de contextura grande, pechugona, mis ojos son marrones, mi cabello castaño oscuro ondulado; y si bien no soy petiza, tampoco es que sea alta, ágata si llego al metro sesenta.
Por suerte ella fue puntual. Le señale el sillón y le pedí que tomara asiento. El silencio era torturante, me levanté y busqué entre mi colección de discos como si supiera lo que deseaba encontrar, los nervios me estaban matando, tomé uno al azar y lo coloqué. Me senté frente a ella y como no supe de que hablar le ofrecí un trago para relajar tensiones, ella aceptó complacida, sonreía y agradecía por mi comprensión y mi ayuda.
Ella sin pudor alguno comentó el deseo de vernos “revolcar” en la cama. Tenía muy en claro lo que buscaba, en un instante dude de haber aceptado, y aún sin terminar de comprender su petición estaba allí tratando de quedar bien con Dios y con el diablo.
Agus no tardaría en llegar. Comencé a mostrarle parte de la casa y le expliqué tímidamente que generalmente arrancábamos mimándonos en el living o en la cocina, pero siempre terminábamos en la cama. La habitación era grande, pero el tema era donde se podría esconder. En el baño era peligroso, porque una vez que termináramos íbamos a hacer uso de él.
Entre los tantos muebles que llenan gran parte del ambiente hay un sillón antiguo de pana roja, (una de las tantas reliquias que aún conservo de mis abuelitos). Me coloqué detrás y me tiré en el piso como lo haría ella y me di cuenta que podría ver absolutamente todo por el espejo que estaba enfrentado a la cama y como el sillón está frente a la puerta del habitáculo es imposible que llegase a pasar por detrás.
Soledad me tomó ambas manos entre las suyas inclinó su cabeza y me las beso dándome nuevamente las gracias por permitirle cumplir su fantasía. Inmediatamente las retiré, me incomodó su accionar, todo era muy raro, realmente no sé lo que estaba pensando cuando le permití algo semejante, pero ya estaba, no podía echarme atrás.
Se colocó en posición y entré como si fuera él para chequear, por suerte pasaba desapercibida.
Aunque la música sonaba a un volumen considerable le supliqué silencio total, al mínimo ruido podría echarse todo a perder.
Volvimos al living, y terminamos el trago. Mientras ella miraba entusiasmada unas pinturas colgadas de la pared, obras que yo misma en mi tiempo de ocio he pintado me fui a la cocina a lavar los vasos para que no quedara evidencia alguna.
Recibí un mensaje de Agus diciendo que estaba llegando. Se lo comuniqué y pedí que se fuera acomodando.
Lo recibí con un buen beso y él como siempre me estrechó contra su pecho abrazándome con toda la fuerza de sus brazos fuertes y largos, me hace sentir amada y a la vez protegida, como que puedo contar con su amor incondicional; ¡me encanta! Tenemos una química que jamás antes había experimentado ni siquiera con el que fue mi esposo.
Luego de varios arrumacos contra la puerta de entrada fuimos a la cocina a buscar un refresco, no lo alcanzamos a terminar… me tomó de sorpresa desprendiendo el vestido bajándolo hasta la altura de la cintura, besaba mis pechos con devoción y yo deseosa de su boca juguetona…
La excitación estaba comenzando a manifestarse, con mi mano hurgaba sobre su sexo por encima del pantalón. Lo estimulé friccionando con firmeza a tal punto que enloqueció de calentura…
Sigue…
Sexo con amor sin comparación…

Tu boca entre abierta, tu lengua húmeda, en busca de la mía… la encuentra…
Juntas entretejen los más dulces y sabrosos besos. Lames y besas mi cara recordándome que eres mi dueño, “mi hombre” el único que puede poseerme.
Tu cuerpo fornido, excelso acoplándose al mío, se reconocen, se desean, se buscan, se encuentran…
Tu virilidad erguida me apabulla, me delira…
Mis manos lo acarician, lo masturban siento como se engrosa con mis estimulaciones. Unas pequeñas gotas de jugo preseminal hacen de lubricante, mis dedos se resbalan, tu pene late y mi boca se desespera.
Mis labios bajan, mi lengua lo explora, lo seduce, lo incita, lo recorre, lo saborea mmmmm
y poco a poco se va perdiendo en mi boca. Entra profundo, late en mi garganta, roza la tráquea, me atragantas… hago arcadas y te retuerces de placer.
No dejas de mirar, gozas exacerbado viendo como llenas mi boca con tu miembro lujurioso. Lo sacas y lo manipulas enérgico contra mis labios, das pequeños golpecitos sobre mi boca abierta. Comienzan a chorrear hilos de saliva, no los dejas caer, lo levantas con tu glande y lo comienzas a desparramar por toda mi cara.
Ya no me aguanto, lo quiero tener dentro de mí ser. Te miro, te beso, te sonrió picara, ya me conoces, sabes a lo que voy. Te gusta, te excita sobremanera vérmelo hacer…
Lo tomo con ambas manos, sosteniendo tu mirada, apoyo la punta del pene en mis labios vaginales, “están empapados, hambrientos”, deseosos de recibirte. Empujo suave, sin prisa, muerdo mi boca, disfruto.
Entrego el mando, me dejo llevar…
Comienzas a deslizarte por mi sexo. Siento como entra cada centímetro de tu hombría; convirtiéndome en tu presa, como una estaca va penetrando sin tregua mi cuerpo jadeante.
Tus grandes manos aferradas sobre mis nalgas hacen presión en cada embestida, arrancando mis gemidos más profundos, sostienes mi cuerpo que no para de vibrar.
Tus jadeos se mezclan con los míos, el olor a sexo nos envuelve, tus piernas tiemblan, tu cara se transforma.
Estallamos de placer, nuestros orgasmos sincronizan de manera audaz. Me besas, me miras, me dices cuanto me amas. Te quedas inmóvil dentro de mi cuerpo, lo disfrutas, lo disfruto, sabiéndonos el uno del otro nos quedamos dormidos hasta el amanecer.













